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El recuento de los daños a un año de la pandemia

Dra. Laura González López • Docente-Investigadora UNIVA Guadalajara

 

El pensador catalán José María Esquirol muestra con claridad cómo la resistencia es confrontación con la “dureza de la realidad”, como la que nos vendrá tras la pandemia, una realidad que parece querer fragmentarnos, rompernos, disgregarnos, vulnerabilizarnos.

La emergencia sanitaria ha generado un gran impacto y retos estresantes, abrumadores y capaces de provocar reacciones fuertes en la población. Las medidas de salud pública promovidas -como el distanciamiento social- y necesarias para evitar la propagación de la COVID-19, provocan en menor o mayor medida el aislamiento social y un aumento en la frecuencia de estrés y ansiedad.

Tras la larga jornada de distanciamiento social nuestra casa se ha convertido en un refugio, vivimos con la incertidumbre, pero a la vez con esperanza de que todo se solucionará pronto. No todos contamos con el mismo refugio; se ha dejado ver una brecha muy marcada de la desigualdad. No es la misma experiencia de alguien afortunado que cuenta con más recursos para enfrentar la pandemia. Sin duda, los más vulnerables visualizan un panorama muy diferente.

Cada uno ha tenido que enfrentarse a situaciones distintas llevando a sus enfermos a hospitales públicos o privados; teniendo trabajo o no, disminuyendo los ingresos familiares, a contar con una cuenta bancaria o continuar recibiendo un sueldo sin verse reducido; viviendo en una casa de interés social a una casa con grandes espacios, otras comodidades y lujos. En definitiva, los siguientes factores como; contar con una buena alimentación, casa e higiene; tener la fortuna de seguir trabajando online en casa, no tener que usar el transporte público, influyen en un mejor pronóstico respecto al contagio, tratamiento y recuperación.

Luchar por la igualdad en el mundo representa un gran reto, no sólo por el virus que en este momento nos ha puesto en esta situación de estrés, éste sólo es uno de muchos factores que ya influían; como la pobreza y pobreza extrema, la migración, etc.

Ha sido un tiempo de pérdidas, hemos perdido: momentos de recreación y ocio, la libertad a salir cuando algo falta, festejos importantes; hay un sinfín de cosas que quedaron prohibidas para todos; chicos, medianos, grandes y sobre todo, para los de más edad. No nos deja tiempo para culpar a nadie, sólo nos preocupa ¿Cómo se solucionará? Y nos cuestionamos si ¿Nuestras autoridades han sido capaces de establecer estrategias seguras para contener los contagios? ¿Somos lo suficientemente responsables para evitar las salidas innecesarias y de ese modo ser ejemplo para los demás? ¿La empatía con los demás ha sido suficiente? ¿Nuestras autoridades han privilegiado los apoyos económicos a la población sin empleo y a las micro y pequeñas empresas para salvaguardar los empleos?

Pero lo más importante: pérdidas humanas; algunos las han vivido muy de cerca, han perdido a sus abuelos, padres, hermanos, hijos o amigos y se ha dejado ver la fragilidad de cada uno, algunos, los más afortunados hemos vivido el dolor ajeno que también nos duele y fatiga, aunque también nos permite ver con claridad la cercanía con la que se encuentra el virus y eso se transforma en miedo olvidando que la muerte es lo único seguro que algún día sucederá.

Pese a todas estas vivencias ha sido necesario el manejo de nuestras emociones, ya que todos tenemos los sentimientos a flor de piel, es importante expresarlos, compartirlos, interpretarlos, verbalizarlos y no permitir que nos inunden y arrastren.

Expertos en salud mental mencionan que se propiciará una ola de patología social y salud mental; la soledad, pérdida de empleo, disminución en los ingresos, violencia de género, duelos por pérdidas de amigos y familiares, la falta de socialización, sin duda tendrán un efecto en la personalidad de pequeños y grandes. La pregunta es si nuestro sistema de salud está preparado para atender esta nueva emergencia.

Es preocupante todo lo que ha venido dejando esta pandemia a nivel económico y social y estas repercusiones serán catastróficas según algunos estudios realizados recientemente.

El impacto de la crisis ha exacerbado las desigualdades ya de por sí existentes; en diversos estudios se han presentado resultados sobre una reducción de ingresos de abril a diciembre 2020; uno de cada tres mexicanos ha reportado una disminución de ingresos de más del 50%; la inseguridad alimentaria reportada en el 2018 de un 9% aumentó a un 16% en diciembre del 2020. Uno de cada 3 mexicanos cursa con síntomas severos de ansiedad. Según datos del Banco Mundial, la economía presentó una contracción del 3.4% a los países más pobres les tomará más de una década para reponerse.

Nuestra tarea será grande, cada quien a hacer lo que nos corresponde y compartir un poco de lo que tenemos con los demás; la empatía, solidaridad y gratitud serán las mejores armas para salir adelante todos.

Comunicación Sistema UNIVA

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