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Mtro. Miguel Camarena Agudo, Proyectos Sociales y Religiosos • Docente UNIVA Plantel Guadalajara

 

“Si no fuera por estos momentos… no sé qué sentido tendría la vida” soltó un amigo en una noche de bohemia y danzón. Tiene razón –pensé- pues son pocos los momentos de verdadera felicidad y absoluto placer a lo largo de nuestras existencias. Si se tiene un poco de sinceridad consigo mismo, cualquiera podría dar cuenta de ello sin ninguna objeción. Sin olvidar la existencia del otro lado, conocido como el dolor, uno de los grandes maestros de la vida; pero que en esta ocasión (a pesar de mi bagaje en el tema) no me congratula mencionar de la misma manera que me contó Iram (un gran amigo) que dice tener un tío, quien es aficionado (como muchos otros) de relatar sus hazañas boxísticas, pero concentrándose únicamente en sus victorias, “no hay necesidad de contar mis derrotas pues ésas las cuentan los otros”.

Así que acotando el asunto, coincido en la pobreza de experiencias ensordecedoramente gozosas en relación al tiempo dispuesto a otros aspectos de la vida, cuya relevancia es simple y llanamente para la manutención de nosotros mismos o de otros, pensando en la paternidad. A la pregunta sobre el sentido de la vida la respuesta podría ser: trabajar para subsistir o producir para consumir, etc., cuantificar el número de horas y la cantidad de momentos dignos de la memoria, es deprimente en un alto porcentaje de la población dentro de una urbe como la nuestra. A eso se podríamos agregar que, esa cosa llamada tiempo se acelera cuando algo nos resulta placentero o nos produce una gran felicidad. Eso sin contar la alienación laboral, cuya expresión clara de ello es el llegar a casa para seguir hablando del trabajo fuera del trabajo. Como si no fuera suficiente dedicarle a ello la mayor parte de nuestro día. Vaciados de todo contenido o pensamiento original o lejano a ese ámbito. Me dan ganas de bostezar con el puro hecho de imaginármelo. En un cortometraje titulado “El empleo” (de ya hace más de diez años), Santiago Bou Grasso representa con gran maestría la condición del trabajador, no solamente en cuanto a la erosión de lo espiritual, sino a la propia humillación que muchas veces representa realizar tal o cual actividad.

Pero ¿dónde podemos encontrar un contrasentido o un contrapeso a los designios del establisment? Y con contrasentido, me refiero no a esos distractores o somníferos creadores además de nuestra frustración. Me refiero al hecho de contrarrestar creando. Como decía Fogwill abonándole al tema, “se necesitan malos poetas/ buenas personas, pero poetas malos/ dos, cien, mil malos poetas se necesitan más para que estallen las diez mil flores del poema/ se buscan poetas, funcionarios, consultores, todo eso sobra/ faltan poetas”. Pero también faltan quienes los lea y quienes los aprecien. En los cafés, con los amigos, con la mujer o el hombre según sea el caso, en el Facebook, el twitter o en el instagram, que se hable de ello (la poesía) o de ellos (los poetas), incluso que la gente se junte para hablar de lo que sea, pero que sea de viva voz, mediante el diálogo; el mismo que el viejo Platón propuso como estrategia para enseñarnos filosofía y que algunos otros han replicado.

Los clubes de lectura, de escritura, los proyectos musicales y en general artísticos nos ayudan además de poder en algún momento crear, nos estimulan a generar nexos, vínculos y hermandad. Coadyuvando a salir de nuestra rutina, a boicotear la monotonía recalcitrante del día a día. En el trabajo difícilmente nos podrá suceder eso, quizá por la alta exigencia, la competitividad e individualismo que predominan, sumándole a esto, el materialismo y la fatuidad; una pandemia total.

El amor, por exagerado que parezca también es un escape, un contrapeso a la suerte de Sísifo, genera momentos dignos de la memoria. Pero, un amor al otro, como escribió Yukio Mishima un amor en el que se busca y se es buscado. Y no solamente para encontrar nuestro reflejo en el otro, para tener a alguien que satisfaga nuestro ego. Porque el otro es alguien con quien decidimos compartir un tiempo y un espacio para poder fugarnos de este mundo.

Siempre tenemos que volver a la vida real

pero la vida real es la razón del por qué

queremos vivir otra vida

queremos sentir otros tiempo…

Cuando miremos hacia atrás

como sé que los haremos

tú y yo, ojos abiertos

me pregunto si realmente recordaremos

¿Cómo se siente estar así vivo?

The Cure

 

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