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Mtra. Laura O. Robles Sahagún • Coordinadora de Alumni y Bolsa de Trabajo

 

Querernos, abrazarnos, apoyarnos, aprender, reír, llorar, reunirnos, saludarnos, trabajar, todo a la distancia. Nuevos retos, nuevas formas, nuevas necesidades, nuevas tecnologías y nadie nos podemos excluir.

La educación es uno de los sectores que más se ha visto afectado con los tiempos de contingencia tras el COVID-19, y no me refiero a la parte económica, porque hay industrias verdaderamente dañadas en este sentido, me refiero a las formas y a las prácticas. De la noche a la mañana cambiamos de la presencialidad a la virtualidad, en ambientes poco explorados por los alumnos, por los maestros, por los padres de familia y hasta por las propias instituciones educativas. A todos nos mandaron a la guerra sin fusil. Unos con algo de experiencia, otros inexpertos por completo; unos con tecnología, otros sin herramienta alguna; unos con voluntad, otros en contra de su voluntad.

Creo, desde un punto de vista muy personal, que el mayor reto no ha sido el contar dispositivos de acceso, tampoco los anchos de banda o la calidad del Internet, el mayor reto ha sido la disciplina y la organización de los miembros de la familia para compartir espacios, dispositivos, horarios, obligaciones y tiempos de recreación.

De todas las definiciones que podemos encontrar acerca de disciplina, la de EcuRed (que es una enciclopedia colaborativa en red, del gobierno de Cuba), me resulta muy significativa y adecuada para lo que estamos refiriendo, porque dice que “es la capacidad de actuar ordenada y perseverantemente para conseguir un bien. Exige un orden y unos lineamientos para poder lograr más rápidamente los objetivos deseados, soportando las molestias que esto ocasiona”.

Como toda empresa, la familia también es una organización y para que funcione deben existir y cumplirse las reglas, debe hacerse una planeación estratégica y establecer lineamientos para todos los integrantes. Si van resolviendo al momento, sin distribución de roles, sin disciplina, sin horarios ni formas adecuadas, es claro que el tiempo de quedarse en casa será un caos. Ya pasaron algunas semanas y sigue existiendo ese caos.

¿Por qué no sentarse y, como buen equipo, organizarse, poner reglas y sanciones? Así no se cargan todas las responsabilidades a unos y todos pueden contribuir para hacerse la vida en el encierro más llevadera. Disciplinarse no significa complicarse la vida e incrementar las responsabilidades. Disciplinarse es distribuir funciones, tiempos y recursos. Disciplinarse nos da tranquilidad y nos deja tiempo para otras cosas que nos gusta hacer en lo particular. Con disciplina, se aprovecha mejor lo que se tiene y lo que se puede obtener. ¿Acaso el nuevo reto se llama redisciplinarnos a la distancia?

 

Publicado en La Crónica de hoy Jalisco el viernes 24 de abril 2020.

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