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Pbro. Lic. Armando González Escoto • Director de Publicaciones del Sistema UNIVA

 

Simular se vuelve una necesidad y hasta un arte en las personas, instituciones o sociedades que por largo tiempo han estado sometidas a algún tipo de presión, superior a su capacidad de reaccionar y modificar la situación. Con frecuencia la simulación ha sido el resultado de un choque severo entre la norma absoluta y la realidad diversa, entre la ambición desmedida y los controles que buscan frenarla, en última instancia entre lo prohibido y la irresistible tendencia a obtenerlo sin verse mal.

Simular ha sido también el recurso de la mediocridad, de la sumisión forzada o calculada, de los intereses ocultos que se busca lograr por medio de razones disfrazadas, es igualmente la coraza de los holgazanes cuya divisa es comer simulando que se trabaja para lograrlo.

Simular y disimular son parientes cercanos, de hecho, perfectamente vinculados, tú simulas y yo disimulo que me doy cuenta, y así todos felices. La disimulación como parte del juego de simular nace tanto del interés, como del miedo a mostrar que no se cree en la simulación, en todo caso el que disimula es el que no quiere meterse en problemas.

Con motivo de las afectaciones que las tormentas tropicales dejaron en las costas de Jalisco, concretamente en Tomatlán, varias camionetas cargadas con despensas acudieron al auxilio de los damnificados, recordando a los beneficiarios que dicha ayuda provenía del CJNG (por sus siglas en español), y no del DIF, anuncio que fue desde luego disimulado por los alegres receptores, pues en esa región como en muchas otras del estado el arte de disimular el poder expansivo y contundente  del, o de los cárteles, es compartido por todos. Unos simulan no saber, otros disimulan saber que sí saben que los demás están simulando, y así la vida del estado al igual que la del país, se vuelve una farsa en la que todos participamos, pero en la que nadie cree, ya que todo es disimular que la democracia, la justicia, el derecho, la separación de poderes y la lucha contra la corrupción y la delincuencia no son sino una simulación.

Y es que el gobierno no podría declarar que se haya en connivencia con los cárteles, en caso de que así fuera, porque eso le traería consecuencias con otros países y aún con la misma sociedad. Esta connivencia mucha gente la sospecha, otra más la afirma le conste o no, pero al final todo mundo la disimula, intuyendo que se trata de una de esas tantas trampas en que la relación entre lo que se es y lo que se dice ser, ni puede coincidir ni mucho menos declararse.

No tenemos la exclusiva, el gobierno chino puede fundadamente sospechar que la violencia en Hong Kong es un servicio a la carta servido por la CIA, pero no lo puede declarar tan fácilmente, por lo tanto simula no advertirlo, por más que exhorte al gobierno norteamericano a no hacer declaraciones sobre un problema que no es suyo, pero que explota al máximo como parte de su guerra comercial, asunto que desde luego disimula.

No obstante, es evidente que el grado de madurez y libertad de una sociedad se mide por el menor grado de simulación y disimulación que en ella se observe.

 

Publicado en El Informador del domingo 3 de noviembre de 2019

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