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Pbro. Lic. Armando González Escoto • Director de Publicaciones del Sistema UNIVA

 

En el año 2014 el costo de la Línea 3 del Tren Ligero se estableció en poco más de diecisiete mil millones de pesos, en este momento se considera que el costo final, si es que llega a haber un final, será de casi treinta mil millones de pesos. En este precio no se incluyen los costos colaterales que ha pagado la ciudadanía en afectaciones inmobiliarias, cierre indefinido de calles, ruina para los comerciantes, polución, embotellamientos cotidianos, etc.

Es verdad que en toda obra de esta magnitud existen diversos riesgos, sobre todo cuando el subsuelo tiene las características del nuestro, especialmente en la zona del Centro Histórico, dada su ubicación en la confluencia de múltiples corrientes subterráneas que fluyen hacia el antiguo río de San Juan de Dios, hoy entubado. Pero también es cierto que subsuelos como el nuestro no son únicos, los hay en muchas otras partes del mundo, sólo que en esas otras partes las cosas al parecer se han hecho mejor cuando de construir líneas bajo tierra se ha tratado.

Al margen de estas peculiaridades lo que llama la atención es el manejo que se sigue dando a la ineficiencia, a la irresponsabilidad civil y política de todos los involucrados en la mega obra, pues pese a que su mala actuación es a todas luces evidente, eso no ha supuesto ni supondrá sancionar a quienes no cumplieron con los contratos, con los tiempos y los costos. Seguramente también en Jalisco se aplicó la promesa federal del “borrón y cuenta nueva”, gracias a lo cual el gobierno actual heredó el problema junto con el cargo, o el cargo siempre y cuando heredara el problema sin chistar, o chistando un poco para disimular.

En este histórico pasarse “la bolita” de uno a otro gobierno lo que ha quedado invariablemente garantizado es la perpetua impunidad; el borrón y cuenta nueva para ti, funciona si luego me lo aplicas a mí, y así sexenio tras sexenio.

La impunidad se consolida sobre la impotencia, la impotencia de la sociedad, de sus organismos, de sus colegios de ingenieros y arquitectos, de las cámaras y los organismos empresariales, que en efecto nada han podido hacer frente a este kilométrico fiasco, sino esperar confiados en que una vez inaugurado todos los agravios serán olvidados y todo mundo aprenderá que a fin de cuentas en este país se puede robar, defraudar, sobornar, aplastar y engañar, siempre y cuando al final las cosas se logren, como dicen los alemanes, “buen final, todo bien”.

Seamos positivos, miremos más bien a las nuevas telenovelas protagonizadas por los políticos del anterior sexenio, la forma relajada en que se gastan los bienes que supieron ahorrar, unos con glamour público, otros bien envueltos en el manto de la discreción para no provocar envidias y críticas, mientras la prolongada Línea 3 sigue sin operar, porque no puede funcionar del modo en que la hicieron, cosa que a los que la hicieron les tiene sin cuidado, ellos ya son parte del pasado, del anterior sexenio, del borrón que da lugar a la nueva cuenta que incrementa cada día el sexenio actual.

 

Publicado en El Informador del domingo 13 de octubre de 2019

 

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