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Se hace camino al andar

Por 11 diciembre, 2018noviembre 22nd, 2019Voces UNIVA

Dra. Pascaline Pindi Mambu • Alumni Plantel Guadalajara

 

Hace algún tiempo en ese lugar
Donde hoy los bosques se visten de espinos
Se oyó la voz de un poeta gritar
Caminante no hay camino, se hace camino al andar

Juan Manuel Serrat

 

Sentimientos encontrados: compasión, empatía, enojo, revuelta, entre otros. Entraron a México por fuerza. Además son miles. Como que son enviados para desestabilizar a nuestro país. Como que huyen las atrocidades en sus países de origen. Como que están en búsqueda de mejores condiciones de vida… ¿Qué culpa tenemos para que entren a nuestro país de esta manera? ¿Por qué no quieren comer lo que se les da y exigen otra cosa? ¿Por qué el gobierno los apoya y no atiende nuestras necesidades?

Son miles los centroamericanos que decidieron dejar sus tierras para emprender una caminata atravesando México, el único país que les sirve de puente peatonal para llegar a los Estados Unidos de América. Es una ola de migrantes que causa conflictos tanto ideológico como de intereses a la población mexicana que los acoge o rechaza. Toda esta controversia me incitó a hacer un repaso de los grandes movimientos migratorios de la historia de la humanidad y de la biblia para entender lo acontecido actualmente.

Mi ejercicio me permitió recordar que la primera migración data de hace alrededor de 1,7 millones de años y fue esta la que sacó de su patria originaria, África, a nuestros ancestros en diversas oleadas para expandirse en el mundo. Se trata del Homo Ergaster que entró en Asia y que llegó también a Europa y se conocieron posteriormente como Homo Antecessor (700.000 años). El Homo Sapiens Sapiens puebla América hace alrededor de 15.000 u 8.000 años, según las diferentes teorías de poblamiento de América. Una vez asentados esos migrantes y para satisfacer sus nuevas necesidades de vida, se desplegaron en otros territorios más acogedores que les ofrecían mejores condiciones de vida.

En la biblia, pude ver que desde Adán y Eva, el ser humano dejó continuamente sus tierras en búsqueda de nuevas. El gran movimiento migratorio fue el de los israelitas, encabezados por Moisés, atravesando el desierto para entrar en la tierra prometida por Dios, tierra que ofrecía a esos migrantes una vida mucho mejor que la que conocieron en Egipto. Hasta el mismo Cristo fue un migrante (Mateo 2:15).

Además, se calcula actualmente alrededor de 244 millones de personas que viven fuera de sus países de origen y se sabe que han emigrado por diversos motivos, por los cuales la búsqueda de protección y de oportunidades está entrelazada de manera indisociable, según ACNUDH.

Me pregunto entonces, ¿desde cuándo migrar se ha vuelto un delito? ¿Quién no ha sido nunca migrante? ¿Cuántos movimientos migratorios espirituales, psicológicos, ideológicos, sentimentales, geográficos, voluntarios o involuntarios hemos realizado, realizamos y realizaremos en nuestras vidas? ¿Todos los que hemos migrado alguna vez, hemos cometido algún delito?

En fin, estoy convencida de que no existe nada nuevo bajo el sol. Migrar es un acto de mucha valentía. Caminar es reservado para los más valientes porque los que caminan son los que cambian su vida y, por lo tanto, el mundo. Es preferible no agitarse hasta perder el sentido de humanidad porque algunas personas caminan hacia su Canaán. Cada quien camina cuando llega su momento. Caminar no es delito. Yo también camino todos los días. Migrar es un arte de vivir. Los migrantes son artistas que se permiten descubrir la verdadera belleza de la vida… y nadie puede impedírselos.

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