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Educarnos para la paz, una tarea pendiente

Dra. María Cristina Martínez Arrona • Jefa de Universidad a Distancia

 

No hay camino para la paz, la paz es el camino

(Mahatma Gandhi)

Es alarmante que México rompa nuevamente el récord de violencia e inseguridad en el primer trimestre del año, así como la propuesta de la presencia de una Guardia Nacional para hacerle frente; contexto del cual el Gobernador Enrique Alfaro, aseveró: “vienen tiempos difíciles, de lucha larga, compleja y dura”, creando así un ambiente de tensión e incertidumbre, de ahí la importancia de reflexionar cómo está nuestro interior, si en la convivencia con los demás somos generadores de armonía y de conciliación.

El país, es un reflejo de la sociedad que hemos construido, la facilidad con la que se ‘explota’ ante un problema y/o contrariedad, o la intransigencia que encontramos en algunas personas cuando las cosas no salen como lo desean, o cuando los demás no piensan igual que ellas. Hay que reconocer que las posturas personales y las ideologías están por encima de la dignidad humana, del respeto y de la tolerancia ante la diferencia, de ahí la necesidad de una educación para la paz que nos humanice como sociedad.

Un cuento de los Indios de Norteamérica La Pipa de la Paz narra que Orenda una niña delgada y nerviosa, suele contestar sin pensar. Una mañana fue a limpiar los caballos de su familia, y cuando no los ve empieza a gritar que se los han quitado “uno de los hijos del Chamán se los llevaba”. La familia se encoleriza poniéndose en pie de guerra, pero resulta que se había llevado a los caballos para limpiarlos, no para robarlos. El Chamán dice “esta niña tiene que aprender a tomar el relámpago que lleva dentro y mirarlo antes de lanzarlo” e invita a la comunidad a ‘fumar la pipa de la paz’, espacio en el que exhorta a contar cien veces antes de hablar, a enterarnos primero bien de lo que creemos oír o ver, a respirar hondo y pensar antes de decidir.

Educarnos para la paz, implica “aprender a tomar el relámpago que llevamos dentro antes de lanzarlo”, comenzar con nosotros mismos, en nuestro hogar y espacio de trabajo, con nuestros amigos. Ante un contexto de violencia e intransigencia, es urgente crear ambientes en el que aprendamos a escucharnos, a reflexionar juntos y sumar en la diferencia, “si la paz es fruto del perdón, sella verdaderamente la reconciliación entre quienes estaban divididos y les permite caminar juntos» (Papa Emérito Benedicto XVI).

Es responsabilidad de todos trabajar por un presente y futuro mejor para las nuevas generaciones, de ahí el aprender en el cada día ‘a perdonar las ofensas, así como nosotros somos perdonados’.

 

Publicado en El Semanario Arquidiocesano de Guadalajara del domingo, 14 de julio de 2019.

 

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