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Pbro. Lic. Armando González Escoto • Director de Publicaciones del Sistema UNIVA

 

La República Mexicana está constituida por el conjunto de estados soberanos que libremente se unieron por un pacto federal para formar el país. Por lo mismo los Tres Poderes típicos de los regímenes democráticos tienen tanto una versión estatal como una versión federal.

En lo que mira al Poder Legislativo, éste debe estar constituido por representantes de la sociedad, no de los partidos o sectas que los promueven, en todo caso, apenas asumen el cargo, deberían renunciar a beneficiar a sus “promotores”, eso sería lo honesto.

Las cosas suceden de otra manera. Desde los lejanos tiempos de la independencia, los diputados lejos de representar a la ciudadanía, la han usurpado, por lo mismo se han dedicado a fabricar o copiar cuanta ley les ha venido en gana sin informar nunca a la sociedad, en ocasiones muchas de esas leyes eran necesarias e importantes, otras en cambio iban en contra de la misma comunidad, pero al margen de lo bueno o lo malo de tales normas, lo permanentemente negativo ha sido el modo amañado en que han procedido, un modo desde luego legitimado por ellos mismos y que ha provocado estragos en la vida nacional, de manera particular, el daño permanente a la madurez democrática de los mexicanos. En efecto, aún en el caso de “hacernos el bien” pero sin pedirnos permiso, el resultado final es bastante negativo. Este tipo de conducta es natural y propia de los padres hacia sus hijos menores, pero si esa actitud protectora se prolonga de por vida, los hijos acaban volviéndose irresponsables, inmaduros y atenidos, incapaces de descubrir por sí mismos qué es lo que les conviene y sobre todo, incapaces de asumir los costos que supone el logro de una buena meta. Sin duda el gobierno mexicano se ha beneficiado ampliamente de este paternalismo que hace de la sociedad un pueblo manipulable, sometido y ajeno al quehacer político, en términos marxistas, una sociedad enajenada.

“A espaldas de la ciudadanía”, ese podría ser sin duda el lema que caracteriza a los legisladores mexicanos. A espaldas de la ciudadanía deciden los sueldos que han de ganar, sus aumentos y prestaciones, a espaldas de los ciudadanos usan las leyes para blindarse y asegurarse el futuro, a nuestras espaldas hacen acuerdos que nos traicionan, se alían con los enemigos de nuestra cultura, contratan un mundo de asesores reales y ficticios, y se dedican a fabricar cuanta ley se les ocurre sin que nadie lo pida, lo peor del caso es que hagan lo que hagan siempre quedan impunes.

Tampoco es que generalicemos, en todas partes, en todas las instancias, hay siempre personas honestas que muchas veces deben aguantar un sistema de corruptelas que todo lo ahoga, y han de nadar a contra corriente. Gracias a estas personas, presentes igualmente en los otros poderes, las cosas caminan y el estado puede mantenerse.

Despertar el sentido político de los ciudadanos, movilizar a la gente, empoderarla, hacerla consciente de que es ella la que paga, la que vota y por lo mismo la que manda, es una tarea pendiente que la educación cívica y escolar debe satisfacer con urgencia.

 

Publicado en El Informador del domingo 14 de julio de 2019

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