SEDES
Colima Guadalajara Lagos de Moreno La Piedad León Puerto Vallarta Querétaro Tepic Uruapan Zamora Online
Bolsa de trabajo Bolsa de trabajo Portal de pago Online Biblioteca

English Assistance

Discurso, simulación y ficción

Por 16 mayo, 2019diciembre 3rd, 2019Lideres de opinión, Voces UNIVA

Mtro. Miguel Camarena Agudo, Proyectos Sociales y Religiosos • Docente UNIVA Plantel Guadalajara

 

Las personas siguen egresando de las universidades públicas, privadas y no por ello vemos una mejora en la sociedad, sino todo lo contrario. La crisis humanista en cualquier dimensión que se le busque es tan clara como las columnas de humo que han poblado nuestra ciudad gracias al descuido de autoridades y sociedad civil o probablemente, gracias al cuidado de los interés económicos de las inmobiliarias. La educación formal en general poco hace al respecto. Cada determinado tiempo egresan de las universidades una cantidad considerable de profesionistas, todos con las aspiraciones cultivadas durante largo tiempo por los llamados medios masivos de comunicación, incluyendo al cine, desde luego. Salen con el ADN alterado, muchos con el ego por las nubes, otros con un individualismo recalcitrante. Las preguntas obligadas son ¿Quién los formó? ¿Quién los educó? ¿Quiénes son los responsables?. Pueden comenzar a hacer sus especulaciones al respecto. Pero sin tanta indagatoria ni especulación, los padres de familia y los maestros somos en gran medida los responsables del desastre por un lado y por el otro, de los pocos contrapesos positivos que hay.

Desde luego, el discurso romántico generaliza ambas figuras, la del padre de familia y la del maestro. Siendo realistas pocos seres humanos independientemente la envergadura que ostenten salen bien librados de un examen de calidad moral. En este sentido, la televisión, esa caja estupidizante, como muchos las etiquetaron, fue quien reveló sin tapujos aspectos de la familia, de la escuela, el Estado, las instituciones en general que poco se comentaban y eran perversos o criminales. Desmitifico, si así se le quiere llamar, esas figuras de autoridad cuyo prestigio y honorabilidad estaban decantadas. Telenovelas, noticieros y programas de opinión, fueron promotores de pregonar el lado obscuro del estado de la cosas. De ahí para el real, la desilusión se agravó, el desencanto se instituyó como bandera insurgente.

Eduardo Galeano decía que muchos critican a los jóvenes por su falta de ganas, de ánimos, de lucha, cuando fuimos los adultos los responsables de infundirles eso. Bastaría con dar tan sólo unos pocos ejemplos para ilustrarlo. Pensemos en nuestros gobiernos ¿están allí los mejores, los que mejor podrían cumplir con sus obligaciones?, ¿todos los diputados y senadores son dignos representantes de la población?, ¿los dirigentes, jefes, encargados, supervisores, etc., son los más capacitados, capaces, facultados para dirigir en sus respectivas funciones laborales?, ¿los maestros y la familia tienen el conocimiento y la calidad moral para formar a los más jóvenes?, ¿cómo podemos seguir sosteniendo discursos donde el esfuerzo, el estudio, el sacrificio es la principal forma de llegar al éxito, cuando un futbolista de primera división por mediocre que sea gana más que un profesionista? Y del narcotráfico y el crimen organizado mejor ni hablamos, debido a su gran éxito reclutando como esbirros a estos desilusionados y desencantados jóvenes. En eso no se equivocó Marx, cuando denominó al “ejército industrial de reserva” a todos aquellos en situación de desempleo. Con la pequeña diferencia del aumento en la oferta de empleadores.

Algunos estarán pensando en el famoso argumento de que generalizar es la principal forma de caer en el error, pero dejémoslo en un asunto de mayorías. Y si no me creen volteen a sus alrededor o abran los periódicos de vez en cuando para darse cuenta de todo ello. Es aquí donde los discursos, sus simulaciones y falsedades se vuelven insostenibles tanto en las casas como en las escuelas. Maestros que hablan de filosofía, por dar un ejemplo cercano a mi profesión, sin llevar a práctica una vida filosófica. Digo, porque si reflexionan, piensan, critican, como muchos dicen hacerlo y pretenden enseñarlo; en su día a día viven tragándose su orgullo y hasta su dignidad con tal de conservar lo poco o mucho que tienen. No se diga los padres de familia, que cultivan una moral y practican otra; cualquiera con tres dedos de frente puede imaginarse lo que quiera en ese contexto. Pero para ejemplificar todo esto, quién mejor que Charles Bukowski con su poema El genio de la multitud.

 

Hay suficiente traición, odio, violencia y necedad en el ser humano corriente

como para abastecer cualquier ejercito o cualquier jornada.

Y los mejores asesinos son aquellos

que predican en su contra.

Y los que mejor odian son aquellos

que predican amor.

Y los que mejor luchan en la guerra

son al final aquellos que predican paz.

Aquellos que hablan de Dios necesitan a Dios

Aquellos que predican paz no tienen paz.

Aquellos que predican amor no tienen amor.

Cuidado con los predicadores

cuidado con los que saben.

Cuidado con aquellos que están siempre leyendo libros.

Cuidado con aquellos que detestan

la pobreza o están orgullosos de ella.

Cuidado con aquellos de alabanza rápida

pues necesitan que se les alabe a cambio.

Cuidado con aquellos que censuran con rapidez:

tienen miedo de lo que no conocen.

Cuidado con aquellos que buscan constantes

multitudes; no son nada solos.

Cuidado con el hombre corriente, con la mujer corriente,

cuidado con su amor.

Su amor es corriente, busca lo corriente”.

 

La simulación, la mentira, la falsedad, obviamente producen desencanto y desilusión. La realidad también la produce pero de manera cotidiana, ya se habrán dado cuenta. Nuestra única forma de generar contra pesos al respecto, es practicar la congruencia y no andar parloteando de aquello que no hacemos. Más vale obrar como aquel maestro de preparatoria que un acto de honestidad total para con él y los demás, hace unos años durante una junta académica se me acercó para preguntarme si había estudiado filosofía, a lo cual respondí que sí. Al escuchar eso, exhaló como quien se quita un grande preocupación de encima y me dijo que tenía tres años dando la clases de filosofía y que él era biólogo, que hasta la fecha no entendía nada de la materia, incluso hizo alusión a su falta de interés por dar clases, pero que ante la falta de trabajo en su ramo alguien lo había invitado a capotear la mala racha económica dando clases. Al final me ofreció sus materias para impartirlas y yo acepté.

De la paternidad no puedo hablar pero de la labor docente y académica considero tengo un poco de experiencia pero en la dimensión educativa muchos no tienen ni la vocación ni la formación. Y esto lógicamente se transmite a los alumnos, sin contar los otros aspectos equívocos que les son heredados mediante la familia. La realidad social, así de compleja, es un reflejo de la educación, en sus diferentes acepciones, sino, revisemos quienes están en la mayoría de los puestos de poder y cómo los ejercen. Si se quiere una educación integral es necesario apostar por una formación humanista de verdad, cuya congruencia y coherencia estén de manifiesto. No sólo por una educación fundamentada en la técnica y la especialización que poco ha contribuido a mejorar nuestra sociedad.

“A pesar de estar ciego señor, hubo un tiempo en que podía ver. Y tuve que ver a muchachos iguales que estos casi niños, amputados de uno y hasta dos de sus brazos, pero no hay nada tan cruel como un espíritu amputado, no hay prótesis para eso.

Usted cree que está enviando a este espléndido soldado de vuelta a su hogar en Oregón con la cola entre sus patas, pero yo digo que ¡lo que están ejecutando es su corazón!

¿Y por qué? Porque no es un Hombre de Baird.

Cuando venía llegando, escuche estas palabras, “cuna de líderes”. Pues cuando el arco se rompe, la cuna caerá y ya ha caído aquí. Ha caído.

Educadores de hombres, creadores de líderes, mucho cuidado con la clase de líderes que producen aquí.

Yo no sé si el silencio de Charlie el día de hoy es bueno o no.

No soy un juez ni jurado.

Pero les digo esto:

¡Él no va a vender a nadie para comprar su futuro!

Y eso, mis amigos míos, se llama Integridad ¡Eso es Integridad!

Y nuestros líderes deberían estar hecho de eso.

Yo he llegado a las encrucijadas de mi vida y siempre conocí cuál era el camino correcto.

Sin ninguna excepción, lo juro. Pero jamás lo seguí.

¿Saben por qué?

Porque era demasiado duro.

Y aquí está Charlie. Ha llegado a la encrucijada. Charlie ha elegido un camino. Es el camino correcto. Un camino hecho de principios – que forjan el carácter.

Déjenlo continuar su jornada. Tienen el futuro de este muchacho en manos comité.

Y es un futuro valioso ¡Créanme! ¡No lo destruyan!

¡Protéjanlo! ¡Abrácenlo! Los va a enorgullecer mucho un día – Se los prometo.”

Fragmento del discurso del Coronel Frank Slade, en la película Perfume de mujer (1992)

 

 

 

Dejar un comentario.