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Defensa de los cínicos: La verdad sobre sí mismo I

Por 15 enero, 2019noviembre 26th, 2019Lideres de opinión, Voces UNIVA

Mtra. Jazmín Velasco Casas, Plantel Guadalajara

 

Michel Foucault, pocos meses antes de morir en 1984, dictó el curso “El coraje de la verdad”, donde abordó el problema del hablar franco en algunas figuras de la filosofía antigua, entre ellos, los cínicos.

Resulta de interés repasar el cinismo en nuestra época porque éste se usa en su manera peyorativa, pues se refleja en que casi todo el mundo puede decir cualquier cosa, buscando que sea de utilidad para los fines que defiende y que puede servir como motor para la pasión de aquél que habla.

Por otro lado, para algunos historiadores y divulgadores de la filosofía, el modo de vida cínico también lo exponen principalmente en su manera peyorativa, descrito como una ruptura con reglas sociales elementales, desprecio al dinero, indiferencia ante las posesiones, la patria y figuras de autoridad; incluso mofándose de ser un estilo de vida grosero, ignorante e inculto. Por esta razón la Escuela Cínica ha sido caricaturizada por sus anécdotas y escondida por su excentricidad.

No obstante, Foucault nos muestra otra cara del cinismo, una cara que aparece como el núcleo de la filosofía. Nos explica que estos filósofos ejercitaban la parrhesía, actividad consistente en decirlo todo, sin disimulo, reservas u ornamentos retóricos que pudiesen ocultar el mensaje o dejarlo a libre interpretación. Señala que si el cínico iba a “decir todo”, tenía que estar ajustado a la verdad, preparado para posibles desavenencias con el destinatario de sus palabras.

¿Y qué era eso que decía el cínico? No revelaba insolentemente lo que su interlocutor era, sino que ayudaba a reconocer lo que él mismo era; encargándose de que se cuestionara la verdad y actuara conforme a ella. Este ejercicio se compara con un combate, pues el hablar franco puede ser una agresión explícita, voluntaria y constante que se dirige a la humanidad en general, con el horizonte de revisar su actitud moral (su ethos), pero al mismo tiempo, de reflexionar y, si es necesario, modificar hábitos, convenciones y maneras de vivir.

Con lo anterior, el decir veraz toca el territorio de la ética, pues su propósito es conducir a que la gente se ocupe de sí misma, usando la razón para tomar buenas decisiones y desechar opiniones falsas. Este tipo de cinismo es una alternativa a la preparación para la vida, en la que hay que ocuparse, gobernarse y pertenecerse a sí mismo, con la capacidad de decir la verdad sobre sí.

Quedará pendiente, en un segundo momento, abordar los riesgos a los que se expone ser cínico en una democracia como la nuestra, y si hay lugar o no para dicha práctica.

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