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Dra. María Cristina Martínez Arrona • Jefa de UNIVA Online

 

Encuentra la bondad que ya está dentro de ti

Eckhart Tolle

Un comunicador de radio no deja de repetir que “la pandemia ha sacado lo mejor y lo peor de las personas”, ya que muchas han mostrado una actitud de amor solidario, siguiendo las medidas establecidas para evitar la propagación del virus y realizando acciones loables apoyando a personas que están sufriendo las consecuencias de esta contingencia. Pero también, hemos constatado personas egoístas y corruptas que no han dejado de aprovecharse del contexto, pese al dolor y sufrimiento, para buscar sólo sus intereses.

Es en las situaciones límite donde descubrimos aquello que hemos cultivando –consumido- a lo largo de nuestra vida, de ahí la invitación a no engañarnos: “lo que cada uno siembra, eso cosechará” (Gal 6,7). Nos podemos preguntar, a un año de contingencia: ¿cuáles son mis frutos? ¿Cómo reacciono ante la dificultad y la crisis? ¿Cuál ha sido mi actitud con los demás?

Durante este tiempo nos hemos visto en la necesidad de buscar respuestas desde la hondura y fecundidad de la fe, cambiando de perspectiva y ampliando nuestro horizonte, para ser capaces de transformar las diferentes situaciones de muerte en experiencias de vida. Estar aptos para fortalecer las manos débiles, para dar luz a los que no ven, para convertir la tierra sedienta en manantial, para cambiar la tristeza en alegría (Cfr. Is 35, 3s), para ello es necesario que “la bondad despierte en el interior para que la personalidad y las acciones ganen belleza y fortaleza” (Amma), sacando de la fuente de la vida esperanza, valor, y con ello, acompañar a numerosas personas a las que la crisis ha puesto en dificultades.

Tenemos una gran responsabilidad en la educación y generación de la cultura, la escuela está, hoy más que nunca en nuestras casas, se da a través de la convivencia cotidiana, de ahí el compromiso con nuestros hijos(as) y con las nuevas generaciones. La crisis tiene que sacar a la luz las fortalezas internas y nuestra grandeza humana, la capacidad que tenemos de superación, de transformación y de creación. Pero esto no se improvisa, se siembra a través de las palabras y acciones, de ahí la importancia de redescubrir la fuerza del diálogo y el vivir gestos, aunque sean pequeños, de compartir, de “perder tiempo” por amor a los otros.

Empecemos a cultivar desde lo pequeño. Nuestros frutos en situaciones límites nos invitan a hacer una profunda revisión de vida: ¿qué fundamento necesitamos para humanizar la cultura y construir una nueva humanidad? ¿Qué palabras, hábitos, estilo de vida hay que fortalecer? Porque, como afirma el papa Francisco, en situaciones de emergencia, dependemos de la solidaridad de los otros.

 

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