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Dra. María Cristina Martínez Arrona • Directora de UNIVA Online

Cuidar el mundo que nos rodea y contiene es cuidarnos a nosotros mismos” (FT, 17)

 

Somos testigos del deterioro ecológico ambiental que está sufriendo la tierra, incendios, inundaciones, sequía, etc. La huella ecológica va en aumento con respecto a la biocapacidad global, la productividad de la tierra es insuficiente ante las demandas de la creciente población mundial (Global Footprint Network, 2020). Pocas personas son conscientes, de la esencia y existencia espiritual-trascendente que tenemos, esto es, nuestro ser ecológico, dando razón de nuestra terrenalidad (eco), de nuestro ser vivo (biologicidad), de nuestro sentir-pensar (psico) y de la relación que tenemos con el otro y la oltredad (lo social). De ahí la invitación, del doctor José Carlos Ugalde, de profundizar en el aporte de la Ecoteología al desarrollo integral.1

El papa Emérito Benedicto XVI (2009) afirmaba que “el desarrollo humano integral es ante todo vocación y, por tanto, comporta que se asuman libre y solidariamente responsabilidades por parte de todos” (CV, 11); y el papa Francisco (2015) en Laudato Si, nos invita a dar el paso a una ecología integral y a una ecoteología desde el reconocimiento del planeta como “la casa común”. La invitación a vivir una relación horizontal reconociendo la dignidad de todo ser humano y la valía de todas las creaturas, evitando así la explotación y la exclusión, promoviendo a la persona en su integridad.

Una hermenéutica adecuada del libro del Génesis, nos describe como el Señor puso a la persona en el huerto para que lo “cultivara y lo guardara” (Gn. 2,15), esto es, para proteger, arar, trabajar, custodiar, preservar, guardar, vigilar. El Señor confía la responsabilidad de todo lo creado, su armonía y desarrollo, al hombre y a la mujer “creados a su imagen y semejanza” (Gn, 1,26). La Escritura nos invita a vivir nuestra relación con las demás criaturas desde la horizontalidad y la fraternidad, superando todo antropocentrismo y biocentrismo, recuperando así nuestro ser creado y con ello una adecuada relación persona-naturaleza según el proyecto originario de Dios. La relación del ser humano con la creación es ante todo de responsabilidad.

El conflicto ecológico es complejo y delicado, es ante todo un problema moral, de ahí que la ecoteología busque concientizar sobre la justicia social, el buen uso de la tecnología y el cuidado del planeta, atender las necesidades actuales, pero “sin perjudicar a las generaciones futuras” (LS, 53). Las crisis ecológicas no “se resolverán simplemente con nuevas aplicaciones técnicas” sino se tienen en cuenta consideraciones éticas y cambios de fondo (LS, 60), de ahí la importancia de ofrecer una educación que conforme estilos de vida, que sea capaz de crear “ciudadanía ecológica”.

 

[1] Ugalde Chehín, J.C. (2021). Aporte de la Ecoteología a la Innovación Social Universitaria Responsable: Análisis Teórico-Crítico propuesta relacional. Tesis Doctorado Ciencia del Desarrollo Humano. Zapopan, Jalisco: UNIVA.

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