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Dra. María Cristina Martínez Arrona • Directora de UNIVA Online

 Incluso si supiera que mañana el mundo se haría añicos,

aún plantaría mi manzano. (Martín Luther King)

 

La contingencia sanitaria que vivimos desde hace más de año y medio a nivel mundial, y no solo ella, sino las consecuencias del desajuste de la naturaleza, como las inundaciones, incendios, temblores y huracanes, provocados en una parte por el cambio climático, consecuencia de la falta de valores y responsabilidad social; y otros tristemente ocasionados, por negligencia, corrupción, intereses económicos y/o políticos de algunos. El miedo al contagio, la enfermedad, la posibilidad de la muerte, la perdida de trabajo, la falta de ingresos, el aumento en los productos básicos, el no poder continuar con el estudio, son realidades que nos han hecho experimentar inseguridad, inquietud y desasosiego, porque son situaciones que no está en nuestras manos controlar.

De ahí que la sensación de incertidumbre sea la constante que nos ha acompañado en estos últimos meses, cuestionando nuestros sueños, esfuerzos y sentido ante la vida. Las personas solemos buscar verdades para avanzar, certezas para ir tranquilos en nuestro andar, caminando firme, con paso seguro. Erich Fromm decía que “la incertidumbre es la condición que impulsa a la persona a revelar sus poderes” y por paradójico que parezca es una realidad. La incertidumbre puede ser una fuerza que fomente la constante búsqueda de sentido y de creatividad, un estado de ánimo que nos motive a conocer, defender y cuidar lo esencial, lo que son nuestras certezas, aquello que nos da sentido: el valor de la vida y lo indispensable que es, en lo cotidiano, la experiencia del amor en todas sus dimensiones.

Es importante que en los momentos de duda, reconozcamos e identifiquemos la raíz de los miedos que inundan nuestro corazón, para poder así buscar caminos de solución y con ello, respuesta. Tenemos que preguntarnos, el miedo que experimento es: ¿a perder la seguridad económica-material? ¿A no ver cumplidos nuestros sueños? ¿A perder nuestros afectos y/o quedarnos solos? ¿A experimentar que no hemos construido nada con nuestra vida? Cada uno debe de reflexionar y orar al respecto. Dios conoce nuestro corazón, en la Biblia hay 365 “¡No temas!”, para que no tengamos un solo día del año sin escuchar una palabra de consuelo que nos recuerde que no estamos solos, hay alguien que cree y está apostando por nuestra vida, razón por la cual no debemos perder la confianza.

Los desafíos seguirán presentes, la incertidumbre continuará cuestionándonos, de ahí la importancia de experimentar que somos amados, que tenemos capacidad para realizar proyectos que nos trasciendan, que hay personas que dependen de nosotros, por lo tanto, ante la dificultad, no dejemos de buscar una respuesta que nos llene de entusiasmo, que renueve nuestras fuerzas para “hacer nuevas todas las cosas” (Ap. 21,5), y ofrezcamos así a las nuevas generaciones, un futuro lleno de esperanza.

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