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Mtro. Miguel Camarena Agudo, Proyectos Sociales y Religiosos • Encargado de corrección y estilo UNIVA

 

Entre los múltiples significados del vocablo palabra, la Real Academia de la Lengua Española (RAE) hace mención de algunos, tales como: empeño que hace alguien de su fe y probidad en testimonio de lo que afirma, promesa u oferta, interjección usada para garantizar la verdad de lo que se afirma, además la RAE alude que hay, buenas palabras, media palabra, palabra clave, palabra de Dios, palabra de honor, palabra preñada, palabra al aire, palabras de oráculo, palabras de presente, palabras libres, palabras mayores; también nos dice que podemos, tomar la palabra, vender la palabra, tener palabra, soltar la palabra, remojar la palabra, pedir la palabra, quitar la palabra, alzar la palabra, empeñar la palabra, dar la palabra, no ser más que palabras, torcer las palabras, medir las palabras, gastar palabras, comer palabras, beberse palabras, ahorrar palabras, no tener más que palabras, entre otras. Yo agregaría (de manera totalmente arbitraria) pero bajo el criterio de recurrencia y difusión, otras pocas en esa lista de significados y usos desde el campo semántico de nuestra realidad, por ejemplo, traicionar la palabra, corromper la palabra, prostituir las palabras, exiliar las palabras, asesinar la palabra, desaparecer la palabra, mutilar las palabras, robar las palabras, matar las palabras.

Desde luego, también se puede acariciar con palabras, tocar con palabras, endulzar las palabras, construir con palabras, creer en las palabras, abrazar con palabras, besar las palabras, consumir las palabras, vivir la palabra, amar las palabras, dibujar las palabras, revelar las palabras, tener las últimas palabras, pero lo que no se puede es vivir sin palabras. Porque ellas son el medio para poder interpretar el mundo y a nosotros mismos, de ahí la imposibilidad de su ausencia. Leyendo no hace mucho, Confieso que he vivido de Pablo Neruda, me encontré una poética descripción sobre el asunto:

Todo lo que usted quiera, sí, señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo todas las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío…Persigo algunas palabras…las revuelvo, las agita, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema…

Tanta trascendencia tuvieron para el poeta chileno que alguna vez sentenció de manera testamentaria que lo enterraran en algo igual de abstracto que una palabra, un nombre:

Deseo que cuando me muera me entierren en un nombre, en un sonoro nombre bien escogido, para que sus sílabas canten sobre mis huesos, cerca del mar.

Hoy tengo la impresión de que las palabras han perdido esta devoción o culto. Se han vaciado de significado para proferirse con futilidad e irresponsabilidad descabellada. No se les da el peso, la importancia y mucho menos se asume la responsabilidad que conllevan. Se han desgastado por el uso cotidiano, negligente de nombrarlas. Ni por asomo en los ámbitos seculares y muy probablemente escolares, se riñe sobre la vieja discusión entre lo inefable contra lo ignorado. Donde una proponía la imposibilidad de nombrar con palabras aquello susceptible de ser denominado único e irrepetible y, la otra, la imposibilidad de nombrar por falta de conocimiento. En el primer sentido Bergson consideraba la intuición como el medio para comprensión de lo inefable. Para Saramago independientemente de esa discusión, las palabras en general no cumplen con su función:

Han dejado de comunicar. Cada palabra es dicha para que no se oiga otra. La palabra, hasta cuando no afirma, se afirma: la palabra no responde ni pregunta: encubre. La palabra es la hierba fresca y verde que cubre los dientes del pantano. La palabra no muestra. La palabra disfraza.

Y esto, resultado de no vincular el pensamiento, lo que se dice y lo que se hace. Por eso el predominio de la contradicción humana, del absurdo, hacer lo contrario de lo que se piensa creyendo pensar lo que se hace ¿Cómo se puede confiar en el otro si nosotros mismos nos engañamos? ¿Cómo creer en el otro si sus palabras carecen de sustento? Kant lo trató hace tiempo, cuando definió los conceptos vacíos como simples formas del pensamiento sin una realidad concreta u objetiva. Tal es la característica de casi todo lo que está vacío y no solo se trata de conceptos o palabras.

 

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