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La educación en tiempos de pandemia ¿Un problema para México?

Julián Antonio Iturria Ramos • Alumni UNIVA plantel Guadalajara

 

De un momento a otro, el COVID-19 se convirtió en una gran preocupación para distintos sectores de la sociedad a nivel mundial. Entre los más afectados destacan (por su puesto) el sector salud y el económico financiero. Sin embargo, sería tonto sólo ver esos dos aspectos en una sociedad tan compleja como la nuestra, por ello es importante reflexionar sobre posibles consecuencias que eventualmente puedan ir surgiendo.

La contingencia, por naturaleza propia, exhibió varias situaciones socioeconómicas y socioculturales que muchos se negaban a aceptar, tales como, la explotación laboral, los índices de pobreza y la desinformación. Además, dejó a nuestro país muy mal parado en el aspecto tecnológico e intelectual, comparado con las grandes potencias del primer mundo.

Mientras que en países europeos e incluso en los Estados Unidos se adaptaron rápidamente a la contingencia, migrando sus actividades laborales al formato de Home Office y a la educación en todos los niveles a las aulas virtuales; en México se sigue debatiendo sobre la protección a los empleados. Una de las medidas que se han tomado fue enviar de vacaciones al personal, ya sea por la falta o precariedad de infraestructura digital o por falta de capacitación de los trabajadores para continuar sus actividades de manera remota.

Por otra parte, tenemos el tema de la educación que, como ya sabemos en México tiene una abismal diferencia incluso entre la clase media y la clase alta, no se diga la gran diferencia que existe en relación con la clase baja. De acuerdo con el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación en México (INEE):

Tratar de comparar la calidad de la oferta pública con la de escuelas “de paga” resulta absurdo, pues, además de las dificultades conceptuales propias a la elaboración de un instrumento de medición confiable, las condiciones a las cuales se enfrentan alumnos y docentes, tanto fuera como dentro del aula, son sumamente distintas. Aún más, los docentes de escuelas públicas muchas veces se ven restringidos por los recursos limitados con los que cuentan y, a pesar de las condiciones desfavorecedoras, logran idear estrategias para responder tanto a los planes y programas de estudio como a las necesidades particulares de sus alumnos.

Como se ve, existe una clarísima desventaja en el acceso a la educación de calidad para ciertos sectores, ahora con el confinamiento en el hogar, las cosas se complican aún más en este rubro. Así mismo, esto puede ser un problema, no sólo para la clase media o baja, sino para todos; los niños no están asistiendo a clases y las complicaciones que esto trae son diversas, por ejemplo, la dificultad que tienen los profesores para mantener en orden un aula digital por la propia naturaleza inquieta de los niños. Además, de que para ellos la cuarentena se puede estar concibiendo como un periodo vacacional más, lo que representa un reto tanto para los padres (que además tienen que trabajar), como para los profesores.

Esto nos hace cuestionarnos, ¿qué será lo que sucederá con los niños? Y pensemos bien en ello ¿Pasarán de año? ¿Volverán a cursarlo? ¿Avanzarán con los conocimientos necesarios? Esto sin duda representa un gran reto, ya que evidencia una situación de conocimientos y desarrollo trunco que, si bien algunos podrán recuperarlo, habrá muchos que no. Esto, sin duda, dejará una brecha de conocimientos entre unos y otros. Consecuencia también del contexto individual y no necesariamente de los aspectos sociodemográficos ¿Me explico?, niños con déficit de atención o de lento aprendizaje pueden ser de los más perjudicados debido a sus condiciones cognitivas, lo que me hace preguntar, ¿cómo puede esto afectarles a mediano y largo plazo?

Por otra parte, recordemos que el índice de pobreza en México supera el 50% del total de la población, lo cual significa que, si más de la mitad del país no tiene acceso a la información, mucho menos a la posibilidad de continuar con sus estudios de manera remota más allá de rellenar los libros de texto que otorga la Secretaría de Educación Pública.

Damos muchas cosas por hecho y olvidamos ver hacia otros lados, en este escrito he hecho una mínima reflexión sobre un solo aspecto de la realidad como es la educación, pero la ONU ya ha señalado la gran cantidad de escenarios adversos y de grupos vulnerables que son los que peor la están pasando: las mujeres y los niños, las personas con discapacidad, las personas marginadas y desplazadas. Todos ellos son quienes pagan el precio más elevado y, además, son quienes tienen un mayor riesgo de sufrir devastadoras pérdidas por el COVID-19, como lo comunicó su secretario general António Guterres.

Sin duda hay muchas cosas que arreglar y por las cuales preocuparnos, esto está comenzando y necesitamos encontrar formas de reestructurar los distintos sistemas que hay en nuestro alrededor, pensando en las repercusiones que pueden afectar a todos. Los líderes mundiales están jugando un papel importante en la toma de decisiones como en el desarrollo de nuevos sistemas, la defensa y la atención a sectores vulnerables, así como, a la educación; donde los niños en condiciones precarias son quienes, desgraciadamente, tienen en estos momentos y en esta vida todo por perder y muy poco por ganar.

 

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