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Pbro. Lic. Armando González Escoto • Director de Publicaciones del Sistema UNIVA

 

En la célebre novela de Saramago, Memorial del convento, uno de sus personajes resulta ser un jesuita empeñado en construir una nave voladora a principios del siglo XVIII; cuando este religioso se mete en líos con la inquisición, uno de sus ayudantes le dice, ingenuamente, pues escápese en la nave voladora. El diseño lo tiene, pero la tecnología todavía no.

Cuando la gravedad de la pandemia hizo inevitable la suspensión de clases y de labores, media sociedad, como el ayudante del padre Bartolomeu, pensó: no hay problema, oficina en casa y clases virtuales. El diseño existe, desde luego, pero la realidad es muy distinta, y si esta experiencia limitante sucedió en los países más desarrollados, pues ya entendemos lo que ha ocurrido en los demás.

La primera limitante ha sido de tipo cultural, estamos acostumbrados a los ambientes espaciales educativos y laborales, al estímulo de los grupos, al gusto de convivir, compartir, salir y volver, y desde luego, a la disciplina y la conducción en vivo y a todo color.

La segunda y mayor limitante ha sido tecnológica, no se tiene ni la capacidad física, ni los recursos económicos, ni el personal capacitado para migrar de lo presencial a lo virtual, el ancho de banda es desigual, los servidores se saturan, la fibra óptica no es omnipresente, quisiéramos volar, pero la nave no está aún terminada.

¿Cuánto costaría impartir los seis grados de la educación primaria por televisión? Para comenzar se requeriría de por lo menos seis canales por seis horas ¿y la secundaria, y el bachillerato? Entonces el camino sería Internet ¿todo mundo dispone de este acceso? Ni en Estados Unidos pudieron.

Oficina en casa es algo muy actual y cada vez más divulgado, pero beneficia solamente a un sector pequeño de la sociedad. Las fábricas no pueden trabajar desde casa, tampoco las labores agrícolas pueden beneficiarse de este recurso y un sinfín más de actividades económicas, de manera que aún con una tecnología muy avanzada, siempre existirían fronteras insalvables, pero sobre todo, sectores interdependientes: para que la oficina desde casa funcione, debe seguir funcionando la producción de alimentos, la generación de energía, los servicios urbanos, la seguridad, y toda una serie de actividades que no pueden realizarse desde casa.

De momento queda claro que el confinamiento permanente de la sociedad acabaría siendo la antesala de su extinción, por lo menos en las actuales condiciones de la tecnología, y dejando de lado el instinto insuperable de la sociabilidad humana. Luego lo que sigue, en materia de tecnología, no es simplemente suspirar aliviados cuando la cuarentena pase y seguir igual, sino comenzar a tomar medidas de amplio aliento, dar paso a los simulacros de educación a distancia periódicamente, mejorar nuestra infraestructura en las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, de la misma manera en que seguramente el sector de la ciencia trabaja tenazmente para encontrar nuevas vacunas y nuevos tratamientos para enfrentar la constante mutación de los virus y los microbios o el manejo que de ellos se haga. Hay bastante por hacer si es que estamos aprendiendo la lección.

 

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