Evangelio según san Mateo 23, 27-32
Las palabras de Jesús en este Evangelio son fuertes y directas. Al comparar a los escribas y fariseos con sepulcros blanqueados, denuncia la distancia que existe entre lo que muestran exteriormente y aquello que realmente llevan en el corazón. Por fuera parecen justos y cuidadosos en el cumplimiento de la ley; sin embargo, sus acciones no corresponden con esa imagen.
Jesús no rechaza el cuidado de lo exterior ni el cumplimiento responsable de los deberes. Lo que cuestiona es utilizar las apariencias para ocultar aquello que necesita ser corregido. Su llamado es una invitación a vivir con verdad, reconociendo que la auténtica conversión comienza en el interior y se manifiesta después en frutos concretos.
Esta enseñanza también puede iluminar nuestra vida. En el ambiente en el que nos desenvolvemos, es posible cuidar demasiado la imagen, cumplir únicamente cuando alguien observa o mostrar disponibilidad mientras interiormente crecen la indiferencia y el resentimiento. También podemos hablar de colaboración, pero negarnos a ayudar; defender el respeto mientras descalificamos a un compañero; o afirmar que servimos a los demás cuando buscamos principalmente el reconocimiento personal.
La virtud que hoy nos propone el Evangelio es la coherencia. Ser coherentes significa procurar que nuestras palabras, decisiones y acciones caminen en la misma dirección. No se trata de ser perfectos ni de ocultar los errores, sino de vivir con honestidad, aceptar nuestras contradicciones y permitir que Dios transforme aquello que todavía no corresponde con los valores que afirmamos.
En este camino también nos acompaña el testimonio de san Junípero Serra, a quien celebramos hoy. Como franciscano, dejó su tierra natal para venir a México como misionero. Su actividad en la Alta California fue incansable: fundó misiones y las visitaba con regularidad. Su vida nos recuerda que las convicciones verdaderas no permanecen solamente en los discursos, sino que se expresan mediante la constancia, la cercanía y el servicio concreto.
En el día a día, la coherencia se hace visible cuando realizamos con responsabilidad incluso las tareas que parecen pequeñas; cuando tratamos con la misma dignidad a todas las personas, sin importar su puesto; cuando reconocemos un error sin buscar culpables; y cuando nuestro modo de trabajar corresponde con la misión y los valores de la institución. Cada función puede convertirse en un testimonio silencioso cuando se realiza con integridad.
Hoy Jesús no nos invita a señalar la hipocresía de los demás, sino a revisar con sinceridad nuestra propia vida. Siempre existe la posibilidad de comenzar de nuevo y reducir la distancia entre lo que decimos y lo que hacemos. A ejemplo de san Junípero Serra, esforcémonos cada día por vivir de manera coherente y, ante las dificultades, recordemos sus palabras: «¡Siempre adelante! ¡Nunca para atrás!».


