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Pbro. Lic. Armando González Escoto • Director de Publicaciones del Sistema UNIVA

 

El cascajo es una revoltura de piedras de diverso tamaño, ladrillos y otros materiales que de ninguna manera pueden ser utilizados para cimentar una construcción, ya que su diversidad le impide tener la firmeza y cohesión que un buen cimiento necesita.

El actual gobierno federal en buena medida se ha construido sobre cascajo y debería urgentemente reemplazar ese tipo de material por algo realmente sólido. Uno de los espacios donde el cascajo parece abundar es justamente en el partido del presidente, pues muchos de sus integrantes no han logrado superar los hábitos y las inercias de los partidos en que anteriormente militaron, sobre todo los que pasaron por las prácticas disolventes del PRD. El resultado de esa diversidad lo vemos en el actual proceso interno de MORENA, y su tensión entre la lealtad y la disciplina propias de organismos fuertes y experimentados, y la tendencia al golpeteo y a la anarquía típicas de los partidos variopintos, y sin embargo, de la superación de estos hechos depende la mayoría que hoy todavía tiene el presidente como apoyo legislativo.

También es verdad que en el triunfo del actual gobierno participaron otros líderes y movimientos no partidistas, pero con la misma característica de la disparidad y hasta del contraste explosivo, lo cual produce plataformas irregulares, no aptas para una rotación uniforme y segura.

Consta el trabajo previo del presidente electo, incluso antes de su triunfo, para conformar un gabinete eficiente con personas no solamente capaces sino bien avaladas, por lo menos en carteras de alto impacto, como fue el caso del secretario de Hacienda o el de la Defensa Nacional, dada la enorme implicación que el ejército tiene hoy en la gestión del país. Sin duda muchas otras designaciones que dependían del ejecutivo, más allá de las del gabinete, se atuvieron a ese cuidado, sin descuidar compromisos ideológicos o electorales, con lo cual todo el conjunto de los nombrados aparece como un reflejo del cascajo inicial, dicho siempre de manera alegórica, es decir, lo mismo materiales sólidos que deleznables. La gran interrogante sigue siendo si es posible gobernar un país desde ese tipo de plataforma.

Gobernar supone tener claro el qué, el para qué y el cómo, advertir y prever los riesgos o las consecuencias colaterales de cualquier decisión, no tener el cerebro en el estómago ni viceversa, evitar ensayos o maniobras peligrosas e innecesarias cuando ya se está en pleno vuelo, pues va en riesgo la vida de mucha gente, ubicar las acciones en tiempo real, en contextos reales, no imaginarios o futuribles, no soltar un trapecio sin tener ya otro sujetado, sobre todo si el trapecista es la sociedad más vulnerable.

 La ubicua corrupción y su combate pueden todavía darle al presidente la razón por algún tiempo, pero no cuando para salvar el barco haya que hundirlo. Hay que creerle al exsecretario de Hacienda cuando afirma no conocer en México otro político vivo con mayor inteligencia que la del actual presidente, sin olvidar que existen muchos estudios acerca de por qué la gente más inteligente suele cometer los errores más graves.

 

Publicado en El Informador del domingo 21 de julio de 2019

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