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Volvió la Feria a la ciudad

José Daniel Meza Real • Coordinador de Calidad Académica UNIVA Plantel Guadalajara

 

 

Se acerca el final de noviembre, el frío empieza a hacer sus primeras apariciones y poco a poco los adornos navideños van apareciendo en las calles, anunciando la venida de las fiestas decembrinas. Pero conforme pasan los días se empieza a sentir un murmullo entre la gente de la ciudad, una expectativa comienza que lleva tiempo tachando recuadros del calendario; mientras otros, aquellos más ocupados, o más organizados, revisan una vez más su agenda para liberar los dos últimos fines de semana del mes. Ya vemos como se preparan las calles, las lonas se montan y los parabuses nos anuncian la llegada tan esperada de la gran fiesta, el evento que convocará a miles de personas de todas las partes del mundo para compartir una sola lengua: ¡La de las letras!

Así es, después de una larga espera vuelve la feria a la ciudad, la fiesta de los libros, la única e inigualable Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), el evento cultural más grande de Latinoamérica que año con año alberga a más de 800 mil asistentes, que participan en mil horas de actividades.

La FIL es un evento que ha vuelto a la ciudad de Guadalajara un punto de encuentro para intelectuales, artistas, escritores y lectores, no sólo de México sino del mundo entero y, aunque es importante mencionar que la derrama económica que deja el evento, está estimada en 330 mil millones de dólares anuales, se vuelve realmente incalculable la derrama de la riqueza cultural que ésta deja a los tapatíos y asistentes extranjeros, a través de conferencias de escritores, periodistas, académicos, artistas etc… pues en eso también contribuye el encuentro de las más de dos mil casas editoriales de 47 países que se presentan en sus largos y abarrotados pasillos; teniendo de esta manera, un encuentro cercano del tercer tipo con las letras.

Ahora bien, lo anterior se puede decir desde la perspectiva de un lector regular, que gusta y espera un evento de esta magnitud, pero desde otra posición más lejana a este contexto, supongo hay cabida a la siguiente pregunta ¿Para qué ir a la feria del libro si no me considero un lector?

Es importante destacar que, aunque si bien es cierto, por obvias razones el eje principal de la feria son los libros, esta categorización se queda bastante corta, pues seas o no lector, la FIL te da la oportunidad de tener un encuentro con la lengua, con las ideas, las diferentes expresiones artísticas y culturales que nos nutren de cualquier manera como seres humanos.

Es verdad, quizá usted es un lector en pañales que ve a la FIL, como una oportunidad de engentarse y luchar contra las adversidades del colapso de la avenida Mariano Otero y sus calles aledañas. Pero no por eso hay que desanimarse, tal vez a su visita no salga con sus manos llenas de libros, pero usted puede disfrutar de una plática muy amena con algún intelectual que, justo puede hablar de ese tema que le ha está rondando por la cabeza desde hace meses y que sólo había podido ver en redes sociales de manera superflua; quizá no sepa como analizar la métrica de un poema pero se encontró con una sala donde le leyeron algunos y su corazón se agitó involuntariamente; o tal vez pudo sentir esa inocencia y felicidad de la infancia mientras compartía risas con un grupo de pequeñines que igual que usted están asombrados escuchando como unos títeres les dramatizan un cuento en la zona de FIL Niños; o quién sabe, tal vez simplemente se quedó a disfrutar de un gran concierto en el Auditorio de la Expo Guadalajara.

También es cierto, que usted sea un lector empedernido y esté contando con ansias los días y las horas para sentir esa emoción de cruzar las puertas del recinto y encontrarse con una gran fiesta que le hace justicia a su nombre porque como niños, visitamos la feria asombrados por la majestuosidad, emocionados por la extensa variedad de atracciones, personajes impresionantes y centenares de puestos de comida literaria, que no sacian el hambre del estómago, sino del corazón y el espíritu.

A usted que se identificó con cada una de estas palabras, no necesito darle recomendaciones ni explicarle nada, porque puede revisar vía electrónica con un app o internet, la programación de todos los eventos. O quizá ya lo tienen contemplado y ha revisado una y otra vez los horarios y las fechas para reacomodar su rutina diaria, decidiendo entre una presentación de libro y una conferencia que se presentará a la misma hora; sé que ya tiene preparado ese guardadito que escondía debajo del colchón para la venta nocturna del viernes y que, sin duda alguna, sabrá cuál será su ruta e itinerario de viaje entre los pasillos de la gran zona de stands que año con año recorre expectante para conocer nuevos autores y claro nuevos momentos mágicos literarios.

Sea cual sea el tipo de lector con el que se identifica, le aseguro que no saldrá de la FIL con las manos vacías, ya sea porque agregó a su biblioteca personal algunas nuevas joyas, porque se llenó de nuevas experiencias culturales y artísticas, ideas, conoció gente o por qué no, quizá hasta se encontró con alguna persona especial que le cambió la vida y, algún día al pasar de los años se sentarán juntos frente al fuego y con un libro en la mano recordarán con cariño aquel día en que se encontraron en esa feria, entre toda esa gente, como dos extranjeros que no se conocían pero que pudieron hablar y compartir un mismo idioma… el de las letras.