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Jennifer Ibarra Zepeda • Estudiante del Bachillerato en Administración en Negocios UNIVA Guadalajara

 

Si la gente que te rodea no es la indicada, la mayor parte del tiempo será contraproducente para ti, pues en el momento en el que tú te propongas algo y los demás se enteren, en el mayor de los casos, creerán que no eres suficiente. Si fallas dirán que ese fracaso ya estaba destinado a ser y si lo logras hay dos opciones; la primera es que seguirán con la actitud de que tu logro no durará mucho, y la segunda opción, será festejar un momento tu logro, y después darán su opinión de la situación y cómo es que debes hacer las cosas. Lo más posible es que cuestionen la forma en la que lograste tu objetivo, olvidando que no hay manera correcta e incorrecta y que es mejor intentar y fallar o triunfar por uno mismo para aprender.

El problema aquí no es que cuestionen el cómo lograste o seguirías logrando tus metas, la realidad es que ante la sociedad nunca serás suficiente y en el momento que llegas supuestamente a serlo, te aconsejarán como si sus comentarios fueran una prioridad.

He de mencionar que el problema no es que den su opinión, sino que el comentario suele ser una retroalimentación de lo que los demás ven como su propia falla. Sobre todo, si quien lo logró es demasiado joven para sus expectativas o sus estándares. Piensan que las cosas deben llevar el orden que la sociedad ha establecido como aceptable. Pero la pregunta es, ¿de algo sirve seguir ese orden? Yo no lo siento así.

Inevitablemente aunque siguieras los estándares, la sociedad cuestionará tu actuar.  Y se harán presentes donde posiblemente no deberían estar. Hay un caso en especial que me causa conflicto y es el cómo la gente opina acerca de los estudiantes de preparatoria y universidad, manifestando que ellos deberían concentrarse en estudiar, que esa es su única responsabilidad y, sin embargo, cuando sales al mundo real quieren que a tus dieciocho o veintidós años tengas tres años de experiencia laboral en el campo profesional en el que te vas a especializar o te especializaste, volviéndose completamente ridículo.

Lo anterior me hace rechazar cada vez más ese orden impuesto de cómo deberían ser las cosas. Y lo peor de todo es que ese es sólo el principio de sus imposiciones. Por ejemplo, antes de los treinta años ya deberías tener una relación formal esperando el matrimonio, un buen carro, una casa y un trabajo estable con un salario competitivo, como si de eso dependiera todo, y no es así, cada quien debería vivir la vida a su propio ritmo. El tiempo es un regalo, nada está definido, entonces, ¿por qué dejar que alguien más decida?

Es cierto que probablemente no puedes detener a los demás de hacer sus comentarios, pero sí depende de ti el formar tus propias decisiones y criterio analizando qué es mejor para ti. Para que el día de mañana si algo sale mal, puedas decir que fue por tus decisiones y no por el hecho de siempre haber hecho caso a los demás, solo por no querer decepcionarlos o cumplir con sus expectativas.

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