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El día que el proyector se apagó

José Alejandro Domínguez Islas · Alumni de Preparatoria UNIVA

 

Todavía recuerdo las primeras semanas de marzo 2020. Muchos no lo sabíamos, pero serían los últimos días que tendríamos con lo que antes llamábamos una vida normal, una sin cubrebocas y gel antibacterial en todo momento. De los placeres que más tenía en aquella época, era ir a las salas de cine. Desde ser un escape, hasta la manera en la que podía ver el mundo a través de los ojos de sus directores, adentrarse en aquella sala oscura era una experiencia que más que capricho de fin de semana, se volvió un hábito.

Con la pandemia que lleva asechando al mundo desde hace ya más de un año, la industria del entretenimiento se mantuvo en una pausa que parecía no encontrar su punto de retorno. Las productoras se vieron forzadas a retrasar estrenos, mientras que las empresas como Cinépolis y Cinemex tuvieron que cerrar sus puertas de manera indefinida. Sin embargo, esto no detuvo a las plataformas de streaming. El fácil acceso de tener miles de series y películas a un click era un fenómeno que ya estaba tan popularizado antes, pero el confinamiento ayudó a reforzar la idea de que, si podíamos tener estrenos desde la comodidad del hogar (como lo ha hecho Netflix desde hace un par de años, o recientemente Disney+ con Soul), quizá las salas de cine tendrían cada vez más visible su fecha de expiración. ¿Qué ha cambiado en un año?

Los que prometían ser los éxitos de taquilla tuvieron que encontrar otros medios. Trolls 2: World Tour de Universal Studios, decidió estrenarse en Estados Unidos on demand (vía internet en renta o compra) el 10 de abril, reportando números favorables de casi 100 millones de dólares en sus primeras tres semanas de acuerdo a CNBC.

En mayo, Warner Brothers decidió replicar la estrategia con Scooby!, y al igual que la cinta de los trolls, fue sólo accesible en el país vecino; en México ambas cintas nos llegarían meses después a salas comerciales, una vez que volvieron a abrir.

Para septiembre, Disney decidió adaptar la jugada con Mulán (2020), cobrando 29.99 dólares a los suscriptores de su plataforma para la compra de la cinta. Siendo que en ese tiempo Disney+ sólo estaba disponible en Estados Unidos, los demás países tuvimos que esperar a que la plataforma llegara para poder verla, y en nuestro caso, sin costo extra. Caso que también aprovecho Soul para ser estrenada en Navidad, volviéndose un éxito.

Además, HBO Max, la plataforma de streaming de Warner Brothers disponible solo en Estados Unidos, apostará por estrenos simultáneos, donde los espectadores tendrán la opción de ir a ver las grandes producciones del 2021 como Godzilla vs Kong o Space Jam: A New Legacy en los complejos abiertos, o contratar el servicio en internet y verlas de manera limitada por un mes el mismo día de estreno. A pesar de que esta estrategia no será la misma para cuando la plataforma llegue a México este junio, sí que representará un experimento en la nación estadounidense, que podría influenciar en un futuro a que se adopte el mismo plan y el consumidor tenga la opción de quedarse en casa o ir al cine.

Con estos casos, lo único que pierde el público sería la experiencia de encerrarse dos horas viendo una película, que, si bien es la opción que mejor permite apreciar todos los detalles visuales y sonoros, para bien o para mal, puede que las audiencias encuentren más ventajas en estos nuevos métodos que los medios pueden implementar.

¿Es este el fin de las salas de cines?

Definitivamente no, pero es una realidad que estamos ante una transición que afectará directamente la manera en la que las grandes productoras distribuyen sus películas, y lamentablemente el cierre de varios complejos cinematográficos en el mundo.

Porque, aunque a muchos puristas del séptimo arte no les guste admitir, si bien el cine es un arte que respeto y admiro, también es una fuente de negocio; en estos momentos, las productoras y distribuidoras tienen que pensar en la manera de perder la menor cantidad de dinero con todos los blockbusters ya hechos y del porvenir. Sumando a esa lista, hay que añadir las propuestas independientes que son las que más han sufrido económicamente. Y en este mismo tren de la incertidumbre, las más afectadas son las cadenas de cine y todo el personal laboral, el cual, sin estrenos taquilleros, no existe una seguridad de que sea rentable sostener todos los empleos. Y es aquí, donde el cine pierde. No como expresión artística, pero si como negocio que provee trabajo a millones de personas alrededor del mundo.

Tendremos que esperar. La fe de la permanencia de los complejos cinematográficos del mundo depende de los éxitos de taquilla; de los superhéroes, la nostalgia que siempre vende y los conductores rápidos y furiosos. Para el gusto o disgusto de muchos, son los únicos que, ya habiendo una vacuna, podrían atraer de nuevo a todos de vuelta a pagar un boleto. ¿Sobre el cine como medio artístico? Seguirá aquí. Con menos complejos para su distribución, pero las historias aún tendrán donde exhibirse, ya sea desde casa o a través un proyector en una sala oscura. El cine siempre encontrará una forma de evolucionar. Siempre lo hace.

 

Si al lector le interesa, comparto la siguiente referencia:

 

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