Bendecido Miércoles de Ceniza. Preparemos nuestro corazón para la Pascua. Iniciemos este tiempo con un corazón arrepentido y honesto, dispuesto a volver a Dios.
Podemos preguntarnos: ¿por qué una preparación tan amplia de cuarenta días para la Pascua? Las fiestas no solamente recuerdan un hecho histórico, sino que hacen presente el acontecimiento de la salvación. Hoy lo experimentamos; entramos en esta dinámica pascual del Señor. Por eso es necesaria nuestra preparación y esta apertura del corazón.
El rito público de la ceniza es una expresión de conversión que reconoce la realidad del pecado, que atenta contra la relación de amor con Dios. Pero, animados por ese mismo amor, nos levantamos confiadamente y regresamos al Padre.
Iniciamos este tiempo de cuarenta días, que han de ser signo de preparación para el encuentro con Dios, así como lo vivieron Moisés en el Sinaí, Elías en el Horeb y, sobre todo, Cristo en el desierto, previo al inicio de su misión.
Hemos de vivir este tiempo de Cuaresma no con tristeza, sino como un signo de preparación y purificación del corazón humano. Tomemos los tres pilares de la Cuaresma —oración, ayuno y limosna— para fortalecer el espíritu y renovar nuestra vida interior.
Preguntémonos también: ¿cuál es la intervención del Señor en nuestro “suelo”, en la tierra de nuestro corazón? Que Él remueva lo endurecido, arranque lo que no da fruto y siembre en nosotros una vida nueva que florezca en la Pascua.


