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«Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera». Mt 11, 28-30.

El día de hoy Cristo por medio del Evangelio nos invita a confiar en Él, en su liderazgo, en su instrucción, en su orientación, puesto que Él desde su testimonio de vida nos da las pautas necesarias para vivir una vida con dignidad, con santidad y sobre todo con libertad, una libertad que sobrepasa las adversidades y contrariedades, una libertada que permanece en la eternidad de los justos de Dios.

Esta referencia del yugo es bastante hermosa puesto que, en la siembra, se usaban las yuntas para el arado o transporte de carga, generalmente dos animales grandes, que aguantarán el peso y la jornada, el yugo era la madera o barra que unía a estos dos animales para que trabajaran al parejo y se distribuyeran la carga. En esta labor siempre había un animal que tomaba el liderazgo, aquél que era más fuerte o que tenía mayor capacidad para avanzar, esto no quiere decir que el otro animal no hiciera su parte, pero al verse superado por la carga descansaba en el esfuerzo del otro, este se recuperaba y seguían jalando al parejo hasta completar las jornadas.

En la vida del hombre podemos hacer una analogía que nos pueda ayudar a abrazar la invitación que hace Jesús en estos versículos. Tomen mi carga dice la Palabra, esto no implica que nos lo vaya a dejar todo a nosotros, al contrario, Él ira como el líder del yugo que nos une para avanzar juntos por el camino de la vida, habrá muchas ocasiones que la carga se sienta pesada o que se sienta como si nos fuese a superar, pero ahí es donde nuestro Señor sale a nuestra ayuda, toma el mando y nos hace la carga ligera, porque su esfuerzo y su obra se sobrepone ante lo adverso de la carga.

Querida comunidad UNIVA, el Señor esta dispuesto a caminar con nosotros, pero para esto, tenemos que tomar su yugo, esa tabla de la que Él ya tiene puesta y que esta a la espera de nosotros, y justo en los momentos en que ya no podamos más, el Señor nos dejará descansar en su poder y su fuerza que siempre estarán para auxiliarnos en la carga de la vida. Por ello, confiemos en que, si vamos unidos a Cristo, la vida por más difícil que se pueda presentar Él nos auxiliará y nos sostendrá, para una vez superadas las pruebas físicas del cuerpo gozar los premios eternos en la gloria celestial.

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