¿Cuántas veces hemos sido testigos de las maravillas de Dios y, a pesar de ello, seguimos dudando? La vida nos demuestra con hechos la mano providente del Padre que actúa en nuestra realidad palpable; sin embargo, nuestra mente —sobre todo en tiempos de crisis— lo olvida y duda incluso del amor de Dios.
Hoy, el Evangelio, a través de san Marcos, nos narra justamente un episodio de este tipo en la vida de los discípulos, quienes, habiendo vivido la multiplicación de los panes, se preocupan porque no llevaban las provisiones necesarias para su viaje en la barca.
Jesús, en ese reclamo que hace a sus discípulos por tener la mente tan cerrada a los acontecimientos que estaban viviendo a su lado, los exhorta a no quedarse como los escribas, quienes, aferrados a la antigua Ley, se negaban a dar ese salto trascendental hacia la novedad de Jesucristo. Querida comunidad UNIVA, ¡no nos cansemos nunca de sorprendernos en Jesucristo! Nuestro Señor actúa libremente en medio de nuestros días de maneras asombrosas y, por nuestra mente tan embotada y llena de cosas, muchas veces no sabemos disfrutar ni aprovechar su obrar.
Hoy el Evangelio nos hace un llamado claro: así como los discípulos, que estando continuamente en la presencia física de nuestro Señor se perdían, así también nosotros, en medio del ruido y las distracciones del mundo, podemos perdernos y alejar nuestros sentidos de las grandes maravillas que Dios realiza constantemente. Por ello, pidámosle al Señor la gracia de ser más sensibles ante los acontecimientos sobrenaturales y extraordinarios que suceden en nuestra vida, para valorar de manera especial la acción salvífica y milagrosa del obrar divino. Que María Santísima nos acompañe e interceda por nosotros siempre.


