Desde el bautismo hemos sido llamados a la santidad; hemos sido elegidos para ser hijos de Dios y, por consiguiente, verdaderos testimonios del amor de Dios derramado en el mundo por medio de Jesucristo, en la acción continua del Espíritu Santo. Ante esto, ¿he sido un buen testimonio de amor?
Seguir a Cristo, sin duda alguna, no es tarea sencilla; implica muchos sacrificios y nos invita constantemente a salir de nuestra zona de confort, simplemente porque ¡así lo hizo Cristo! Con su vida, Jesús siempre estuvo remando contra corriente en un mundo que parecía incomprenderlo, incluso cuando ya había varios discípulos suyos, al grado que, como bien el Evangelio de hoy nos lo narra, uno de ellos lo habría de traicionar.
Pero esta situación no debe desilusionarnos ni causarnos desánimo; al contrario, debe ser para nosotros una gran motivación, ya que la acción del Espíritu Santo siempre salvaguarda los pasos de aquellos que, con sinceridad, buscan el Reino de los Cielos, porque, así como estuvo para Jesucristo en su ministerio, así está para todos los que formamos parte del Cuerpo Místico de Cristo en la Iglesia.
Es por esta razón, querida comunidad UNIVA, que, desde nuestras diferentes realidades, estamos llamados a ser otros cristos; estamos llamados a ser ese reflejo de amor del Padre, llamados a ser colaboradores de la acción salvífica del Espíritu Santo. ¡No tengamos miedo de ser esa luz que el mundo necesita! ¡No tengamos miedo de ser signo de contradicción por causa del Evangelio!
Que el Espíritu Santo nos asista con su gracia y María Santísima nos ayude, con su intercesión, a demostrar con nuestra vida nuestro ser cristiano y nuestro deseo genuino de alcanzar las gracias que Jesús nos ha ganado con su pasión, muerte y resurrección.


