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Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos

Alguna vez nos hemos preguntado: ¿qué sería del mundo sin los sacerdotes? Sin duda alguna podemos pensar muchas cosas, tanto positivas como negativas, sobre todo en relación con la experiencia que podamos haber tenido con algunos de ellos. Sin embargo, una cosa es segura: sin sacerdotes no hay Eucaristía ni administración de los sacramentos. Es por ello que el Evangelio de hoy nos hace un llamado: «Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos, porque la cosecha es mucha y los trabajadores, pocos».

Sin duda alguna, la gracia de Dios se derrama abundantemente en medio de nosotros, muchas veces sin que seamos plenamente conscientes de ello. De manera admirable y eficaz, Dios mismo se hace presente en el mundo por medio de sus sacerdotes, quienes actualizan el misterio de la salvación al hacer las veces de Cristo cuando celebran la Eucaristía o administran los sacramentos que Dios mismo ha confiado a su Iglesia. Por esta razón, cuando recibimos un sacramento, visiblemente contemplamos la fragilidad del hombre; sin embargo, por medio de él, es Cristo mismo quien actúa con el poder y la gracia de su Espíritu Santo.

Es por ello que, querida comunidad UNIVA, en este día el Evangelio nos invita a unirnos en oración por los sacerdotes, por su ministerio y para que sean hombres que den un testimonio alegre de su vocación sacerdotal, mediante la cual Cristo mismo se hace presente en medio del mundo, especialmente en la Eucaristía. Pidamos también por todos aquellos jóvenes que buscan entregar su vida al servicio del Reino de Dios y que han decidido dejarlo todo para seguir un camino de configuración con Cristo. Por último, y no menos importante, oremos por las familias, principales semilleros de vocaciones, para que la familia, como Iglesia doméstica, sea una fuente abundante de sacerdotes, religiosos y personas consagradas que busquen una vida de entrega y servicio a Dios y a su Iglesia.

Que María Santísima interceda ante su Hijo por nosotros, para que nunca nos falten sacerdotes que hagan presente a Cristo en medio de nosotros y que nunca nos falte quien nos acerque a los sacramentos que Dios mismo ha dispuesto para nuestra santificación.

¡Que Dios los bendiga a todos!

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