El día de hoy celebramos con gran gozo la solemnidad de san Pedro y san Pablo, pilares de nuestra Iglesia. Por un lado, Pedro, la roca sobre la cual Cristo quiso edificar su Iglesia; por otro, Pablo, el Apóstol que, con su incansable labor misionera, llevó el Evangelio a muchos que se encontraban alejados de la verdad que Cristo vino a revelar al mundo. Que el ejemplo de estos dos grandes santos nos ayude a priorizar nuestra relación con Dios y, con ello, la misión evangelizadora que, como cristianos, estamos llamados a ejercer desde nuestro bautismo.
Hoy, en el Evangelio, encontramos dos preguntas fundamentales que debemos mantener siempre presentes en nuestra vida de fe: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» y, sobre todo, «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». La primera nos ayuda a descubrir, a través del testimonio de los demás, experiencias de fe que han transformado vidas, permitiéndonos reconocer la mano providente de Dios en medio del mundo y de la sociedad de la que formamos parte. La segunda, y quizá la más importante, nos invita a una constante introspección sobre nuestra relación con Dios. Al preguntarnos quién es Cristo para nosotros, no podemos responder desde ideas ajenas o conocimientos adquiridos únicamente por otros; la respuesta debe brotar de un encuentro personal con Él. Mientras más cultivemos nuestra relación con Dios, más auténtica y profunda será nuestra respuesta.
Por ello, querida comunidad UNIVA, busquemos un encuentro sólido e íntimo con Dios, para que, al preguntarnos quién es Cristo, no nos limitemos a repetir respuestas aprendidas, sino que, desde una experiencia viva y profunda de fe, podamos responder con el corazón de quien ha experimentado el amor del Amante eterno, nuestro Dios y Señor.
Pidamos con mucha fe a nuestro Padre Dios que nos conceda, al igual que a san Pedro y san Pablo, la gracia de compartir con nuestros hermanos esa experiencia de amor que nace del encuentro con Cristo y que transforma la vida. Que nuestro amor sea la primera predicación del Evangelio y que, siguiendo el ejemplo de estos dos grandes apóstoles, colaboremos en la misión permanente de la Iglesia de anunciar el kerigma, la Buena Nueva de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.


