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José Alejandro Domínguez Islas • Alumni Preparatoria UNIVA
#Tendencias

La industria de la animación siempre ha presentado cambios significativos en la manera de hacer cine, desde la narrativa, hasta el propio estilo visual. Desde los trazos pintorescos de El Cuento de la Princesa Kaguya, hasta el fotorrealismo de El Libro de la Selva, son estas distintas maneras de presentar una historia, las cuales maravillan al público por el abanico de posibilidades que ofrecen; no obstante, hay una técnica que siempre ha sido reconocida por el arduo trabajo que lleva en crear una película de este estilo y que en estos tiempos difícilmente se siguen produciendo: el stop-motion.
La última producción de Laika, Missing Link, marcó un antes y un después para la compañía; con un presupuesto de 100 millones de dólares, la cinta sólo obtuvo 20 en Estados Unidos, 25 si contamos su recaudación internacional. No sólo es la peor inversión de la compañía, es el más grande fracaso en la animación. El estudio ya estaba acostumbrado a ver los números de sus producciones y notar que cada vez menos gente iba a ver sus largometrajes con presupuestos de entre 60 y 80 millones de dólares. Coraline, Paranorman, Boxtrolls y Kubo y la Búsqueda del Samurái, habían logrado recaudar 124, 107, 108 y 76 millones de dólares respectivamente. Los ingresos percibidos por las producciones en este formato han ido disminuyendo, pero se siguen alimentando del amor del público, las excelentes críticas, y las múltiples nominaciones que tienen en distintas premiaciones como los Annie, Globos de Oro y Oscar.
Sin embargo, afrontan una realidad un tanto desoladora y aunque Laika siempre ha portado la bandera artística, no es fácil mantener un estudio en el que constantemente se pierde dinero. Incluso Aardman Studios, que siempre ha logrado recuperar la inversión de sus cintas, estrenó a finales de 2019 la secuela de Shaun el Cordero sólo en Reino Unido, optando por un estreno –febrero de este año– en América vía streaming bajo el sello de Netflix. No hay un comunicado oficial de porqué se evitó la exhibición en salas internacionales, pero tomando en cuenta que su producción de 2018, El Cavernícola, la recaudación fue de 56 millones de dólares sobre un presupuesto de 50 (sin contar gastos de publicidad). Es entendible que estas plataformas están siendo las nuevas puertas para los creadores.
Esta última forma de distribución podría ser la salvación para estos estudios, dado que las titánicas películas de animación 3D son las que siguen dominando las salas, independientemente de la calidad o la productora. Quizá no suena una locura que estos estudios busquen financiamiento con el público, así como la nominada al Oscar, Anomalisa, que logró mediante una cuenta de Kickstarter. Aun así, es difícil que la audiencia siga prefiriendo esta técnica, a pesar de innovar mezclándola con animación, no deja de resultar poco atractivo para el público en general. El inminente cambio que presenta la industria es una señal para que el stop-motion pueda seguir arriesgándose y dar un paso en una nueva dirección, tanto artística como financiera, así como Spider-man: Into the Spider-verse apostó por una mezcla de técnicas con uno de los superhéroes más queridos de todos, o el regreso de la animación tradicional con Klaus, y que seguramente por estos logros se lleve el galardón en la siguiente entrega del premio Oscar.
Sólo queda esperar. Quizá la nostalgia que generará la secuela de Pollitos en Fuga pueda cambiar el rumbo para Aardman, o habrá que recurrir a nuevas alianzas con los servicios de streaming para salvar una compañía y una técnica que están a punto de perecer.

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