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Pbro. Lic. Armando González Escoto • Director de Publicaciones del Sistema UNIVA

 

Afirmaba un antropólogo que, si en este momento se extinguieran todas las especies de insectos que hay en el mundo, en cinco años la vida en el planeta se acabaría, pero contrariamente, si en este momento se extinguiese la especie humana, en cinco años toda la naturaleza, incluyendo la atmósfera, se renovaría plenamente. No más cielos contaminados, torrentes de agua envenenados, bosques devastados, suelos sobreexplotados, socavones mineros, y desde luego, no más violencia fruto de las pasiones humanas.

En efecto, somos una especie depredadora, muy decidida a seguirlo siendo. Durante la cumbre de la tierra, celebrada en Río de Janeiro en 1992, la señora Clinton, decía que los norteamericanos eran conscientes de que su estilo de vida estaba arruinando al planeta, pero que no estaban dispuestos a modificarlo.

Una de las enseñanzas que nos trajo la actual pandemia, es cómo la naturaleza ha respirado en los momentos en que ha cesado la frenética actividad humana ¿no habrá otra forma de entenderlo, ni otra forma de vida que la que hemos desarrollado?

Francisco de Asís, el primer ecologista de la era moderna, siendo como era un hombre dotado de gran sensibilidad, decidió pedirle a un árbol seco que le hablara de la Pascua, y entonces el árbol floreció. La Pascua que hoy celebramos, quizás sólo ritualmente, es fundamentalmente un mensaje de vida, de vida para todas las especies, para la tierra y para el cosmos infinito, pero no siempre lo hemos entendido pese a los veinte siglos que han pasado de aquel acontecimiento.

Narra el Evangelio, que los príncipes de los sacerdotes y los fariseos pidieron a Pilato enviara una guardia para vigilar el sepulcro donde el cuerpo de Jesús había sido depositado, sellaron la piedra que cubría la entrada y montaron la guardia. Eso exactamente hemos seguido haciendo, temerosos de que la vida renazca, sobornando a políticos para que las industrias puedan seguir contaminado las aguas o usándolas para su provecho, amenazando y asesinando a los defensores del medio ambiente como ha, tantas veces, ocurrido en la selva amazónica, negando el cambio climático o rompiendo cualquier acuerdo orientado a la preservación de la naturaleza, empeñados en el uso de energías contaminantes y todo tipo de fertilizantes, herbicidas, o insecticidas altamente nocivos para la vida misma, en un mundo de contradicciones en que por una parte se promueve dejar de fumar, y por otra se alienta hacerlo si se trata de marihuana.

Pero la crueldad con la que tratamos a la naturaleza es apenas un reflejo de la crueldad con la que nos tratamos a nosotros mismos, asunto del cual tenemos información todos los días y por todos los medios.

No obstante, el mensaje de la Pascua permanece como la oportunidad al alcance de todos, la oportunidad de creer en la vida, de amar la vida sin egoísmo, y por lo mismo de cuidar y promover la vida en todo tiempo y en toda circunstancia, de respetarla, de no someter la vida de nadie ni de nada a nuestros intereses y caprichos, a nuestro afán de confort y abundancia, al disfrute sin medida así sea a costa del presente y del futuro propio y de los demás.

 

Publicado en El Informador del domingo 4 de abril de 2021

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