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Alejandra Bolaños Torres • Alumna Licenciatura en Nutrición

 

En nuestra actualidad las redes sociales ocupan una gran parte de nuestro tiempo, no obstante, pueden ser una herramienta magnífica o nuestra peor pesadilla. En el área de la salud, muchas personas con alta influencia en las redes sociales deciden empezar a dar consejos de dietas o rutinas que a ellas o ellos les funcionan y deciden compartirlo. No digo que esto esté mal, todos tenemos la libertad de publicar el contenido que queramos, pero cuando cambias el sentido de la publicación de “compartir” a “educar” es en donde ya no estoy de acuerdo.

Cada cuerpo funciona diferente, no todos reaccionan de la misma manera a un cambio de alimentación, a una suplementación de proteína en polvo o a una carga de actividad física en específico. La ignorancia de la gente sobre estas diferencias hace que quienes se hacen llamar influencers o health-coaches tomen cierto provecho en aportar sus conocimientos. Frases como “yo quiero tener ese cuerpo” o ”yo quiero ser como ella” hacen que por lo menos, una gran cantidad de personas sigan sus pasos y recomendaciones, muchas veces sin darse cuenta de que esto puede repercutir en su salud e incluso desencadenar enfermedades a las que pueden ser propensos por genética o antecedentes patológicos.

Un nutriólogo es una persona con cinco años de estudio y una carrera profesional que domina el cuerpo humano, así como su relación con los alimentos. Sabe el efecto de cada comida en la salud y cómo prevenir enfermedades. También sabe conducir a una persona hacia su peso ideal de una manera saludable sin comprometer su salud. Por su parte, un health-coach tomó diplomados o cursos donde aprendió de forma superficial, tan sólo una parte de la nutrición, sin tener conocimientos concretos y mucho menos a profundidad sobre esta ciencia.

Es posible que un health-coach oferte sus consultas a menores costos, principalmente en comparación con la consulta de un nutriólogo titulado, viéndose como una salida fácil, buena, bonita y barata. Sin embargo, considero que la salud no es algo con lo que debamos sortear nuestra suerte y mucho menos, asignarle el menor precio posible. Nada vale más que un completo bienestar y una adecuada calidad de vida. Al final, sale más barato prevenir una enfermedad, que tratarla.

Lo ideal siempre será acudir con un nutriólogo y tener un plan de alimentación bien dirigido. Buscar la asesoría de un health-coach no está mal, es posible trabajar con ambos y saber aprovechar lo que cada uno puede aportar para obtener mejores resultados.

Mi propuesta es que debemos darle su justo valor a las cosas, respetar la experiencia de cada profesional y sobre todo, no dejarse llevar únicamente por la influencia de las redes sociales, que pueden carecer de seriedad y no proporcionar información confiable sobre cada profesionista.

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