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No he venido a traer la paz, sino la guerra

El día de hoy escuchamos la parte final del discurso misionero narrado por san Mateo. La pregunta fundamental que surge a raíz de este Evangelio es la siguiente: ¿qué lugar ocupa Dios en mi vida?

La narración de este Evangelio pudiera parecer bastante contradictoria con lo que Jesús venía predicando, ya que habla de traer la guerra en lugar de la paz. Sin embargo, la realidad va mucho más allá de lo que, en un primer momento, pudiera entenderse. La guerra que profetiza nuestro Señor hace referencia directa a las consecuencias que, a causa de la predicación de sus discípulos, podrían desencadenarse, ya que seguir el Evangelio de Cristo implica, en muchas ocasiones, confrontarse con ideas, pensamientos y corrientes que, en lugar de conducirnos a Dios, nos desvían del camino y nos alejan de la gracia que Cristo vino a compartir con el mundo. Por ello, el seguimiento de Cristo y de su Evangelio puede provocar divisiones entre padres e hijos, entre hermanos e, incluso, entre los demás miembros de la familia.

Ante esto surge la pregunta que planteaba al inicio de esta reflexión: ¿qué lugar ocupa Dios en mi vida? Si respondemos que ocupa el centro o el primer lugar, conviene preguntarnos: ¿cómo lo estamos fundamentando? ¿Qué acciones o qué prácticas respaldan esa afirmación? Y, si reconocemos que no ocupa el primer lugar, vale la pena cuestionarnos: ¿qué hace falta para que vuelva a ser el centro de nuestra vida? ¿Qué impide a nuestro corazón amarlo sobre todas las cosas? O, incluso, preguntarnos: ¿por qué no queremos que sea el centro? Ante todas estas interrogantes, hagamos un examen de conciencia que nos ayude a reconocer el nivel de relación que mantenemos con Dios, conforme al llamado que hemos recibido: el de buscar nuestra santificación.

Que Dios nos ilumine y nos ayude a valorar los dones y las gracias que desea compartir con nosotros en medio del mundo. Asimismo, que nos conceda la valentía para dar testimonio de su amor, defendiendo los valores cristianos y el Evangelio de Jesucristo, que es camino, verdad y vida.

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