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Luis Enrique Gómez-Llanos López • Alumno Ciencias de la Comunicación

 

Boon Joon-Ho en alguna entrevista hablaba sobre como en su nuevo filme trataba de expresar un sentimiento específico de la cultura surcoreana. Al ver como la respuesta por las audiencias de distintos países fue la misma, se dio cuenta que todos vivimos dentro de un mismo país que se llama capitalismo.

Parasite ha logrado algo que no muchas películas extranjeras logran -en una industria donde el producto se concentra principalmente en contadas producciones estadounidenses-, posicionarse como una de las mejores películas y más prometedores para los premios de la academia.

Ki Taek es el padre de una familia desempleada que apenas logran subsistir en un pequeño sótano que adaptaron como casa. Gracias a los consejos de un amigo de su hijo mayor, Ki Woo empieza a dar clases particulares a la hija de la familia Park, familia de clase alta, poco a poco la familia de Ki Taek comienza a trabajar para los Park y crear una sinergia bajo la manipulación y el engaño.

Aunque la trama de la película sea la relación entre estas dos familias y los conflictos que se crean dentro del espacio en el que se desarrolla, hay un tema muy importante en el subtexto de la misma; la diferencia de clases.

Parasite muestra en la dramatización a una inteligente clase trabajadora frente a una ingenua privilegiada, en donde los Kim a través de su inteligencia y talento se permiten adentrar en las propiedades de los Park y vivir la vida como nunca antes lo habían hecho, con un gran salario.

A simple vista, el discurso de la diferencia de clases, la pobreza y la riqueza parece tan inofensivo que la atención del público se concentra principalmente en el plot donde la trama se desenvuelve, pero el discurso ahí está; cuando la lluvia para algunos es una pesadilla, para otros es un regalo; y mientras se está en la pesadilla, la escena no conmueve, la escena incomoda.

Cuando finalicé la película, salí frío de la sala, creo que es la expresión más exacta que puedo utilizar, y mi reflexión fue la siguiente; los parásitos somos todos.

Para algunos los Kim son los parásitos, para otros… otros son los parásitos (evitando spoilers), pero considero que en una historia, como lo es la del capitalismo, donde no hay buenos ni malos dentro de la comunidad común, todos somos los parásitos. Porque dentro de un sistema en el que necesitamos ganar a final de cuentas, nos terminamos valiendo de otros para continuar.

Creo que Parasite además de ser una excelente película en cuestiones técnicas, invita al espectador sentado frente a una pantalla gigante, comiendo palomitas, pudiendo darse el lujo de ir al cine, en pensar sobre sus privilegios. Y creo que lo importante es esto, porque no podemos cambiar nuestros orígenes y difícilmente podemos cambiar nuestro sistema con solo sentarnos frente a una pantalla, pero considero importante que todos nos demos cuenta de los privilegios con los que nacimos y fuimos creciendo, dentro de una burbuja de cristal para así dejar de creer que la educación es igual para todos, que el trabajo es equitativo en cuanto a acceso y esfuerzo, que solo se tiene que echarle ganas y que el pobre solo es pobre porque quiere.

Probablemente mientras nuestro sistema sea el mismo, la lucha de clases sea un cuento de nunca acabar, pero el darnos cuenta de los privilegios con los que contamos, también nos permitirá darnos cuenta que todos somos parásitos de alguien más.

 

Publicado en www.cartablancarevista.com el martes 28 de enero de 2020.

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