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Los multiversos: una concepción presente en la cultura pop concordante con la postmodernidad

Dr. Fabián Acosta Rico • Docente-Investigador UNIVA Guadalajara

 

La idea del multiverso está de moda. La cultura pop a través de sus diversos productos de consumo masivo como las películas, las series, los videojuegos, plantea la posibilidad de realidades alternas semejantes y a la vez, distintas a la nuestra. Todo comienza en los comics. El afamado escritor de DC comics (la casa editorial de Batman y la Liga de la Justicia) Grant Morrison, ideó un multiverso donde se ramifican múltiples tierras (tierra uno, tierra dos…) cada una poblada por sus respectivos superhéroes, esto da como resultado diversas versiones de Superman y de los demás super-tipos: tenemos un Hombre de Acero comunista (el Red Son), un enorme Conejo que adquiere super poderes comiendo mini zanahorias mágicas o hasta hay uno que es nazi, en una variante espacio-temporal en la que las fuerzas del eje ganaron la Segunda Guerra Mundial.

El Marvel Studios, bajo la tutela de Disney, lanzó en su plataforma una serie centrada en Loki -el hermanastro de Thor- que introdujó al Universo Cinematográfico de Marvel la noción de multiverso; bajo la idea de que el tiempo sigue un flujo temporal que se ve alterado por decisiones anómalas de individuos transgresores. Hay un ministerio supra-dimensional llamado la Autoridad de Variación Temporal que está al pendiente de corregir toda anomalía o decisión errónea que pueda derivar en el surgimiento de otra línea temporal como la que produjo el “dios de las mentiras” al robar el tercer acto.

Con el tráiler fue liberado hace unos días sobre la esperada película Spider-Man: no way home, la industria del entretenimiento nos trae nuevamente a colación el asunto de los multiversos con un Peter Parker cuya identidad secreta ha sido revelada y que busca borrarla de la memoria colectiva acudiendo a las artes místicas del Dr. Strange. El Hechicero Supremo accede a ayudar al “trepa-muros”, pero tal parece que el hechizo no resultó como se esperaba, irrumpiendo realidades alternas que, especulamos, traerán a escena múltiples versiones del Spiderman y de su amplia galería de villanos.

Antiguas tradiciones espirituales como la hindú hablan de un espíritu absoluto y universal (Purusha) que en su labor creadora, atraviesa distintos planos horizontales de la manifestación dando origen en cada intercepción a un mundo. Conforma así una cruz cósmica de la que derivan los estados múltiples del Ser. En esta cruz cósmica, a veces representado como un árbol de gran follaje (el Yggdrasil de la mitología nórdica), simultáneamente existirían una multiplicidad de mundos algunos sumamente parecidos otros diametralmente distintos. La ciencia desde los planteamientos de la astrofísica ha llegado a conclusiones parecidas al sostener que nuestro universo observable no va más allá de los 42 mil millones de años luz de nuestro horizonte visual cósmico; pero con toda seguridad no todo termina allí. Lo más probable es que existan más universos inexplorables para nosotros donde la materia, regida por las mismas leyes que operan en nuestra realidad, haya dado origen, bajo una distribución distinta, a otros universos. Cabe también la posibilidad de la existencia de otros universos regidos por leyes de la física distintas a las nuestras, con otra historia y quizás con otro número de dimensiones espaciales. En la ciencia ficción y en la cultura pop se ha explotado esta idea del multiverso precisando que existen realidades o universos paralelos que han sido engendrados por decisiones que hemos tomado creándose así versiones distintas de nosotros y de nuestro entorno como lo maneja la serie animada de Disney Plus: What if? La serie juega con la idea de que, si en momentos coyunturales de la vida de los superhéroes hubieran ocurrido hechos distintos, otras realidades se habrían generado: en su tercer capítulo, por ejemplo, se plantea qué hubiera pasado si Hank Pym (el hombre hormiga) hubiese matado a todos los vengadores antes de que estos hubieran formado su super alineación; ocurriría, entonces, que una línea temporal alternativa se habría formado.

Herbert Marcuse habló del hombre unidimensional, pero me atrevo a decir que este individuo fue ya, hace muchos ayeres, ciudadano de la modernidad pasada, estática y conformada por productores; el ser humano actual es multifacético y está más que dispuesto a experimentar diversas facetas y roles, entiéndase por qué tanta insistencia de ciertos sectores de nuestra sociedad postmoderna por asumir las más distintas identidades de género e incluso de cambiar de identidad biológica por simple antojo, decisión u ocurrencia; está el caso de la mujer que insiste en ser un gato. En gustos culturales y religión ocurre igual, se puede ser un convencido darketo o seguidor de la música oscura y la vestimenta gótica y al paso de un tiempo, porque simplemente cambio la moda o las tendencias, dejar de serlo para convertirse en un otaku o amante de la cultura pop japonesa. Con la fe ocurre igual cuántos entusiastas millennials se cortan su cabello y visten túnicas naranjas como buenos budistas y después de que les aburre el ascetismo oriental mutan en fervorosos neo-pentecostales. La idea de un multiverso en el que estén distribuidos en distintos mundos, diversas versiones de mí, es llevar a los terrenos de la física moderna la tendencia antropológica del ser un humano multifacético que en seguimiento con estas tendencias deambula por el mundo digital, en sus múltiples plataformas y redes sociales, creando y asumiendo avatares (o egos virtuales) distintos de sí mismo. El internet puede llegar a ser una especie multiverso virtual.

Antes nos basta con ser mexicanos, católicos y guadalupanos ahora el ciudadano del mundo digital y de la sociedad postmoderna puede fantasear con la idea de que una versión de él, en el multiverso, allá cumplido su sueño de ser un rockstar, un mangaka o un oso polar antropomórfico.

 

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