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Pbro. Lic. Armando González Escoto • Director de Publicaciones del Sistema UNIVA

 

Cuando parecía que podíamos celebrar el segundo centenario de la abolición de la Inquisición, resulta que la inquisición no es una institución abolible, sino una actitud, a lo que se ve, incoada en la genética humana y por lo mismo difícil de erradicar.

Lo que ocurrió en la pasada Feria Internacional del Libro fue sin duda una grave mancha, hecha a los ojos del mundo, de un evento que por su misma naturaleza debe situarse por encima de las filias y las fobias de la sociedad, pero para ello se requeriría de una sociedad verdaderamente madura, que deja de ser pendular y demuestra la honestidad de sus luchas asumiendo una nueva actitud y no reproduciendo las mismas que critica.

Si la izquierda resulta ser tan dictatorial, tiránica e impositiva como tantas veces ha sido la derecha, entonces ni la verdad ni la democracia tienen futuro, tampoco la libertad.

La última quema de libros notable y pública tuvo lugar el 10 de mayo de 1933 y fue organizada por los nazis en la plaza de la ópera de Berlín; en tiempos pasados habían hecho lo mismo cristianos y musulmanes, todos aduciendo razones del más variado tipo y talante. Ahora por desgracia podemos añadir un nuevo sainete de esta naturaleza, ocurrido en Guadalajara, a manos de quienes se dicen garantes del progreso, de las libertades y los derechos, y en el marco de una feria del libro, de todos los libros, digan lo que digan, nos guste o nos moleste.

De la grotesca quema de libros hecha por los nazis se conservan fotos y películas, donde centenares de jóvenes poseídos de un furor pasional y fanático arrojan a la hoguera cuanto libro contradecía sus posturas, era apenas el prólogo de un régimen racista, xenófobo, militarista y dictatorial que costó a la humanidad cien millones de muertos.

Desde luego que la quema de libros en la explanada de la FIL fue más simbólica que abrumadora, más que una gran hoguera lo que se prendió fue una fogata donde sí fueron arrojados libros contrarios a la manera de pensar de las incineradoras, pero el mensaje enviado no depende del tamaño de la hoguera, a fin de cuentas, no hay incendio que no inicie por una pequeña chispa, y eso es lo realmente preocupante.

Las sociedades pasionales, como suelen ser las latinas, requieren de modelos educativos muy bien direccionados que nos ayuden a saber conducir las propias emociones a fin de que éstas no se vuelvan incendiarias, y sí en cambio sean transformadoras y de compromisos permanentes, que duren más que la llamarada de la pasión. De igual manera, educarnos para la libertad es el complemento perfecto que nuestra sociedad necesita, a fin de que los seres humanos logremos entender que la defensa del derecho propio exige el respeto al derecho de los demás, que el respeto que pedimos se gana respetando a todos, y que no se logra una posición para reproducir los mismos adefesios que se buscaba cambiar.

Finalmente consideremos que aún los movimientos más legítimos se deprecian a tenor de los recursos que se usen para impulsarlos, las causas valiosas exigen personas valiosas y ese valor no se improvisa, es fruto de una reflexión más seria y exigente.

 

Publicado en El Informador del domingo 15 de diciembre de 2019

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