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La educación: Un amor creativo

Por 11 febrero, 2019noviembre 26th, 2019Lideres de opinión, Voces UNIVA

Dra. María Cristina Martínez Arrona • Jefa de Universidad a Distancia

 

“Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta,

sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta”

(Sam Keen)

 

En nuestro contexto universitario, amar se traduce en educar, para la UNIVA es un “acto de comunicación creativo y dinámico de formación integral que guía a la trascendencia, al perfeccionamiento y desarrollo pleno de la persona” (Filosofía, 2016). Culturalmente se considera al mes de febrero el propicio para celebrar el amor y la amistad, que, independientemente de su origen, es una tradición que se ha arraigado en la sociedad porque responde constitutivamente a lo que somos: personas con capacidad de dar y recibir amor, imagen y semejanza de un Dios que es Amor (Gn. 1,26).

Hablar de amor, es referirnos al afecto, la ternura, la pasión, la adoración, la predilección, el cariño, el apego, y no sólo de/o con las personas, sino también de sueños, proyectos, lugares. Los griegos identificaban 4 tipos-manifestaciones de amor que deben de estar articulados: eros (‘amor por’, principio de, atracción); storgé (amor fraterno, comprometido, protector y duradero); philia, (respeto, solidaridad, compañerismo, busca el bien común) y ágape (generoso, espiritual, reflexivo, que busca el bienestar del ser amado).

Nuestro compromiso educativo y solidario con la sociedad se ofrece a través de una educación integral en un contexto social, político y económico determinado, “el amor engloba la existencia entera y en todas sus dimensiones, incluido también el tiempo” (Deus Caritas Est, 6), de ahí la importancia de orientar a la persona hacia la socialización, la profesionalización y la trascendencia.

En muchos momentos resulta difícil identificar en nuestro entorno esas manifestaciones de amor, la “cizaña” se hace presente a través de la inseguridad, la violencia, intereses particulares, caracteres y actitudes que dificultan el encuentro y las relaciones, a nivel social, laboral, incluso en nuestros núcleos más significativos, como es la relación de pareja y/o la familia. Pero cuando logramos “ver de manera perfecta”, somos capaces de ver en “quien nos contradice” riqueza para pensar, “aunque en ocasiones nos toque estar muy pensativos” como suele decir un cantautor de música católica contemporánea Martín Valverde.

El amor en sí mismo es un “acto de comunicación creativo y dinámico”, que nos invita a ver la capacidad que hay en el hombre y la mujer para su perfeccionamiento y desarrollo. En palabras de Jesús, es la invitación constante a “ver la buena semilla”, de “aprender a ver el trigo” (Mt, 13, 24ss). Si en nuestra mirada, nuestras palabras, nuestras relaciones familiares, de amistad, laborales, sociales, somos capaces de ver la esencia de la persona, la bondad de sus proyectos, su capacidad de amar por encima de las limitaciones, los errores, las caídas, estaremos amando desde la educación, impulsando a la persona para que vea y descubra su potencial.

Apostar por una educación de calidad, requiere tener la certeza “del trigo sembrado” en la persona, aunque inmersa en un contexto “con cizaña”, pero con la convicción de fomentar las virtudes, los buenos hábitos, el desarrollo de las cualidades y la capacidades al servicio de los demás. Entonces estamos “fortaleciendo el trigo”: la mejor manera de eliminar la cizaña y una forma continua de celebrar el amor.

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