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Pbro. Lic. Armando González Escoto • Director de Publicaciones del Sistema UNIVA

 

¿Podría la Cuarta Transformación generar una cuarta revolución? Para responder cabalmente a esta pregunta se hace necesario recordar la forma en que las revoluciones estallan. Por lo común son el resultado de una clase social con suficientes intereses, amenazados, y con pocos intereses en riesgo. Muy rara vez las clases altas han producido revoluciones, tienen mucho que perder. Por lo común han sido las clases medias, “aspiracionales”, como les ha llamado cierto político en funciones, las que conspiran, las que aportan líderes, las que seducen a grupos sociales aún más desprotegidos para que se lancen al combate, mientras ellas aguardan provechos y oportunidades.

Pero esa “carne de cañón”, constituida por sociedades desprotegidas, de momento están siendo protegidas, hay gasolina, pero falta estopa. Si de pronto cesara todo el programa de apoyos económicos directos que reciben, entonces sí que algo podría ocurrir, pero ya no por efecto de la Cuarta Transformación, sino por defecto.

Algunas revoluciones históricas tuvieron como razón de ser, la lucha contra sistemas económicos explotadores, por ejemplo, el régimen latifundista mexicano de los tiempos porfiristas. La Cuarta Transformación ha denunciado constantemente el capitalismo neo liberal opresivo y empobrecedor, pero, contradictoriamente, avala y presume el crecimiento de las remesas que recibe México gracias al trabajo de los emigrados justamente puestos al servicio de ese neo capitalismo liberal, nefasto pero productivo. Toda revolución que se respete requiere un mínimo de coherencia.

Otro detonante revolucionario, han sido los sistemas políticos anquilosados, dictatoriales, y enemigos de todo derecho, razón que, oficialmente, no opera en México, precisamente porque la Cuarta Transformación surgió para liberar a nuestro país de ese tipo de sistemas representados por el llamado “prianismo”, por más que esa alianza le esté ofreciendo al presidente de la República una salida discreta y honrosa al postergar la discusión de la Reforma Energética, reforma que no avalan los estadounidenses; las constantes visitas de don Ken Salazar al palacio nacional no han de ser por intereses arquitectónicos o muralistas.

Sin embargo la cuarta revolución si puede venir desde otro factor, el de la inseguridad que vive el país de lado a lado y frente a la cual gobiernos federales y estatales no tienen hasta el momento presente una respuesta efectiva en los hechos, ni convincente en los propósitos. La delincuencia organizada es hoy día un frente de batalla dinámico y devastador sin verdaderos oponentes, y sí millares de víctimas. La sociedad está por completo en sus manos, mientras los gobiernos se entretienen haciendo estadísticas y declaraciones lejanas de la realidad.

Del modo que sea, mañana lunes es feriado, por el aniversario de una revolución que duró seis meses y cuyo rápido fracaso, en 1913, produjo una guerra civil que durará décadas, y cuyos objetivos nada tenían ya que ver con las nobles causas del incauto Francisco Madero, y sí mucho con el desatarse de todas las pasiones, de las ansias incontrolables y patológicas de poder y riqueza típicas de sociedades históricamente carenciales, tan presentes en la mayoría de los líderes de entonces,  una lucha encarnizada de caudillos, que, vivos, muertos, o asesinados, acabaron siempre con bastantes tierras y dineros en sus arcas revolucionarias, si no, ¿“entonces pa’ qué se iban a meter a la bola”?

 

Publicado en El Informador del domingo 7 de noviembre de 2021.

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