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La autoridad que conduce a la vida

Bendecido inicio de semana. Que Dios lleve a buen término todo aquello que hemos realizado y aquello que ponemos en sus manos.

En muchas ocasiones nos hemos preguntado: ¿qué es la verdad?, ¿qué me acerca a la verdad?, ¿cómo puedo vivir en la verdad? Al comenzar esta tercera semana del tiempo de Adviento, “Gaudete” —“Alégrate”—, descubrimos en el Evangelio de hoy respuestas a estas interrogantes.

El Evangelio (Mt 21,23-27) nos presenta un episodio en el que los sumos sacerdotes se acercan a Jesús para preguntarle: «¿Con qué autoridad haces todas estas cosas?». Jesús, conociendo sus intenciones, les plantea a su vez una pregunta sobre Juan el Bautista: «¿El bautismo que él administraba venía del cielo o de la tierra?». Ellos, quedando perplejos, responden que no lo saben. Entonces Jesús les dice que, del mismo modo, tampoco Él les dirá de dónde procede su autoridad.

La palabra clave del pasaje es autoridad, que en el texto original aparece como ἐξουσία (exousía), y significa autoridad legítima o poder. Lo interesante ante la pregunta de los sumos sacerdotes no es tanto lo que Jesús hace, sino quién es el que lo respalda. En el judaísmo, los rabinos tenían fuerza en su palabra porque citaban a otros maestros con autoridad; ninguno lo hacía como Jesús, que hablaba por iniciativa propia, es decir, con autoridad propia.

Resulta significativa la pregunta que Jesús dirige a los sacerdotes: «¿De dónde venía el bautismo de Juan, del cielo o de la tierra?». Ellos se quedan pensando y terminan respondiendo que no lo saben. En el fondo, estos sacerdotes piensan más en su posición y en el temor al pueblo que en la verdad misma.

Este pasaje nos deja tres enseñanzas:

  1. Toda autoridad viene de Dios. Por más títulos, honores o cargos que tengamos, sin Dios no somos nada. En un mundo envuelto en honores, corremos el riesgo de olvidar que, cuando la autoridad no va unida a la humildad, no se vive en la verdad.
  2. A veces nos cuesta creer porque creer implica cambiar. La respuesta de los sacerdotes no fue tanto un problema intelectual como moral: reconocer la verdad habría exigido una conversión de vida.
  3. Vivir en la sencillez nos hace capaces de alcanzar la Verdad. Jesús no solo enseña la verdad: Él es la Verdad. En Él se encuentra la verdadera autoridad, que no consiste en mandar, imponer u ordenar, ni siquiera en reprender, sino en vivir plenamente en la verdad. Quien vive en la verdad vive en Dios , vive en Dios puede ejercer una autoridad que no oprime, sino que libera, que no encierra, sino que transforma, y que no domina, sino que conduce a la vida en Cristo, la verdad plena.

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