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Imagen de la iglesia anticipada: Inmaculada Concepción

Bendecido inicio de semana. Con gran alegría y gozo hoy celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Encomendamos esta semana a María Santísima.

Todos tenemos la certeza de que, al morir, no nos llevaremos nada material. Lo único que quedará será la manera en que vivimos, compartimos y valoramos los talentos que Dios nos dio. Esa será nuestra verdadera riqueza ante Él. Este es un tiempo ideal para cuidar nuestra alma y prepararla para la venida del Señor. ¡Ya llega!

Para hacerlo, quiero proponerte tres actitudes, inspiradas en el Evangelio de Mateo, en el pasaje del hombre que cuida la casa para que el ladrón no entre. Vigilar es mantener el corazón despierto, atento a lo que entra en nuestra vida. Es notar cuando nos vamos enfriando, cuando los pequeños esparcimientos se vuelven hábitos, y cuando no escuchamos la voz de Dios. Vigilar es reconocer lo que apaga nuestra fe y elegir lo que nos impulsa a Él. Prepararse para las batallas: Cada día hay combates interiores: agobio, tentaciones, desfallecimiento, egoísmo. Prepararnos significa fortificar el espíritu con oración humilde, buscar reconciliación cuando la necesitamos, y reconocer nuestras debilidades para no ser sorprendidos. Cuando sabemos dónde somos quebrantables, también sabemos dónde Dios quiere fortalecernos. Y, por último, decidirnos a la virtud. La virtud se construye con pasos pequeños, constantes y claros. Es elegir la paciencia cuando cuesta, la generosidad cuando irrita, la humildad cuando el ego quiere hablar más fuerte. La virtud transforma lo cotidiano en camino hacia Dios.

Además, hoy que recordamos uno de los cuatro dogmas marianos –La Inmaculada Concepción–, estamos invitados a no manchar nuestra alma del pecado. La Inmaculada Concepción de la Virgen María es imagen anticipada para toda la iglesia de aquello que no tiene mancha, sino que es inmaculada por gracia divina.

Adviento es, pues, una invitación a despertar. Si vigilamos, si nos preparamos y además elegimos la virtud, nuestra alma será una morada lista para recibir al Señor.

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