Buen inicio de semana y feliz comienzo del tiempo de Adviento. Dispongamos nuestros corazones para la venida del Salvador.
Esta primera semana de Adviento nos introduce en un camino de espera vigilante. La Iglesia nos invita a recordar la primera venida del Salvador, un misterio magnífico que llena de alegría al mundo entero. Contemplamos juntos este acontecimiento, pero no nos detenemos ahí; de manera activa permanecemos vigilantes ante su venida definitiva, la parusía. Por lo tanto, el mensaje central de esta primera semana de Adviento es: “Estén preparados”.
El personaje bíblico al que nos acercamos esta semana es el profeta Isaías. Ante la venida del Mesías, Isaías anuncia un tiempo nuevo: un tiempo en el que los corazones inquietos encuentran descanso y paz. En su visión, Dios se manifiesta en su monte santo y convoca a todos los pueblos y naciones; allí Él enseña su camino y el pueblo aprende a ser dócil a su voluntad. Este es precisamente el camino que hemos de emprender hacia el misterio salvífico, el misterio inmenso de amor en el que Dios se hace hombre y nos revela su amor infinito — kénosis (gr. “abajamiento”, “anonadamiento”)—. Caminemos a la luz del Señor (Is 2, 5): este será, por tanto, el camino que nosotros emprendemos para prepararnos al encuentro con Jesús. Caminamos juntos hacia la luz que no tiene ocaso, invitados a avanzar sin miedo. El miedo puede paralizarnos e impedirnos dar pasos, pero si mantenemos la mirada fija en el pesebre podremos disponernos verdaderamente a esta preparación. Prepararnos no significa actuar con temor, sino permanecer con un corazón abierto ante tan grande acontecimiento.
Al iniciar este tiempo de Adviento, la llamada resuena en nuestros corazones: “Estén preparados”: preparados para vivir con alegría, vigilar con amor y dejarnos sorprender por este tiempo de gracia. Que se alegren nuestros corazones, así como se alegran los niños en esta época; y con mayor razón nosotros, como cristianos, estamos invitados a esperar con profundo deseo la venida del Salvador.


