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Pbro. Lic. Armando González Escoto • Director de Publicaciones del Sistema UNIVA

 

Es admirable la manera en que el virus ha repercutido en la mentalidad de los políticos grandes y pequeños, particularmente en aquellos que estaban en campaña o se pusieron a hacerla con ocasión de esta letal pandemia.

Algunos acababan de llegar al puesto, otros estaban en año electoral, como es el caso del presidente norteamericano, algunos estaban teniendo un muy buen ejercicio, otros en cambio estaban tan mal en su gestión, que la epidemia les vino a dar la calva oportunidad de recomponerse, pero no siempre de la mejor manera.

El presidente Trump ha sido en este punto el referente obligado, desde el principio ha girado más que una veleta en vientos encontrados, primero desestimó la epidemia, después le dio por decretar su final en aras del primado económico, ya desesperado comenzó a dar recetas médicas catastróficas, luego recordó que lo importante era buscar culpables y desviar así la atención sobre sus constantes descalabros, inicialmente fue desprestigiar a China llamando “chino” al virus circulante, después consideró seriamente que ese virus lo habían creado justamente los chinos, y que se les había escapado o maquiavélicamente lo habían diseminado por el planeta, y como sus asesores lo mismo los científicos que los espías, le dijeran que tal afirmación era insostenible, entonces declaró que del modo que sea, China debería indemnizar al mundo, pues en China había surgido el dichoso virus, después reculó y volvió a insistir en la teoría conspirativa: los chinos lo crearon y lo esparcieron.

Pero eso no es todo, Trump es consciente de que la recesión mundial en puerta, ya prevista desde el año anterior y ahora afirmada y agravada por la pandemia, puede devolverle el control indiscutido de Europa y una nueva y reforzada sumisión de los países latinoamericanos, sea por el abultamiento de sus deudas en dólares cada vez más sobrevaluados, sea por los programas de “ayuda” que estará dispuesto a otorgar a cambio de renovar los alineamientos políticos de siempre, todo para “hacer grande otra vez a Norteamérica”, y de pasada reelegirse.

Esta larga comedia lo ha mantenido en la pantalla del mundo, pues cuando se trata de hacerse notar, lo mismo da el modo.

Pero mientras continúa su descabellada guerra con China, ni deja de enviar tropas para hacer ejercicios de la Otan en las fronteras de Rusia, ni deja de buscar la manera de deshacerse de Maduro, ahora en traje de terrorista y narcotraficante, pues finalmente son también etapas de su campaña por la reelección en Estados Unidos.

Muy poca honestidad muestran este tipo de políticos carroñeros que se aprovechan de un drama humano de tan serias consecuencias, para apuntalar, rescatar o promover sus personales intereses, sus ansias de poder que públicamente los delatan como psicópatas, obsesionados por salir en todos los medios de comunicación para que a nadie se le escape todo el trabajo que están realizando por el bien común, sin otro interés que el de servirse de la realidad para lograr su personal provecho.

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