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Emma Urtiz • Pasante de la Licenciatura en Psicología

 

El sufrimiento es un estado que el hombre siempre ha querido evitar, pero parece que mientras más lo evita, más se sumerge en ese estado anímico, entonces, ¿qué sentido tiene evitarlo? Y si me permito sentirlo, ¿qué sentido podría encontrar en el dolor? O, ¿qué tanto dolor estamos dispuestos a sentir?

Viktor Frankl, en su libro “el hombre en busca de sentido” nos dice que todo le puede ser arrebatado al hombre, excepto una cosa, la libertad de elegir con qué actitud se enfrentará a cualquier situación. A pesar de que no puedas cambiar una situación que te produzca dolor, sí puedes elegir la actitud con la que afrontes ese sufrimiento, y esa actitud estará ligada a un sentido, es decir, a un “para qué”. Si tenemos un para qué podremos enfrentar cualquier circunstancia.

Sin embargo, encontrar este sentido es mucho más difícil de lo que aparenta, puesto que muchas veces el dolor nos hace sentir vulnerables y percibimos que la situación nos supera, nos sentimos anestesiados, sin energía para salir adelante. Es por eso que el sentido deberá ser aún más grande y más profundo que el dolor mismo, un sentido que nos permita pasar a través de éste y soportar, pero sobre todo aceptar, todo lo que el dolor conlleva, sabiendo y teniendo en cuenta que ese dolor será un aprendizaje que te permitirá avanzar sólo a través del sentido.

El sentido no es simplemente una meta, sino un camino que le da dirección y propósito a tu vida, por esa razón, el sentido del sufrimiento le da dirección y propósito al sufrimiento mismo, se trata de una genuina aceptación del dolor, lo que se ve reflejado en la actitud que tomamos ante el sufrimiento. De acuerdo con Viktor Frankl (2004) el sufrimiento deja de ser sufrimiento cuando se le encuentra un sentido, y en muchas ocasiones este sentido puede ser el sacrificio (p. 135).

Cada persona enfrenta el dolor a su manera, con las herramientas que haya adquirido durante su crecimiento, pero sin importar la forma en la que enfrentemos este dolor, siempre hay un propósito más allá del sufrimiento, un para qué, que nos mantiene de pie, pero para encontrar y reconocer ese propósito, primero debemos aceptar el dolor y vivirlo con amor, sabiendo que el sentido que le damos a nuestra existencia es más fuerte que cualquier cosa que se nos pueda presentar.

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