Hablar del perdón resulta, para algunos, bastante complicado, más aún cuando venimos de experiencias en las cuales el perdón ni siquiera figura como una respuesta o posibilidad. Pero, si Dios te pidiera perdonar siempre, ¿te atreverías a ofrecer el perdón?
En el Evangelio de hoy encontramos un pasaje que nos da mucha luz. Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: «Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contestó: «No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete». En suma, Jesús le dice a Pedro que el perdón no tiene límite; es necesario perdonar siempre.
Posteriormente, nos narra una parábola de un rey misericordioso que, ante la insistencia de su servidor, le perdona sus deudas. Al salir de ahí, el siervo, en vez de seguir el ejemplo de su rey hacia con él, va y cobra a sus deudores con una mayor dureza y severidad, de modo que los demás siervos lo acusan ante el rey por su actuar. Una vez que el rey se entera, manda llamar al siervo a comparecer y, ante tal realidad, lo manda castigar hasta que pague sus deudas.
Dios siempre se ha mostrado bueno y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad. Por ello, en esa experiencia de amor, Jesucristo, ejemplo vivo, nos llama a seguir sus pasos en esa entrega generosa que no busca más que mostrar un rostro de amor y misericordia, de modo que en esa experiencia vivamos fraternalmente unidos en el amor.
Querida comunidad UNIVA, en esta Cuaresma veamos el testimonio de Jesucristo, que ha entregado su vida por nosotros, que nos ha amado hasta el extremo y que, en esa radicalidad, ofrece un perdón que restaura y anima a comenzar de nuevo. ¡Date esa oportunidad! Un recomenzar en el amor, comenzando desde el reconocimiento de nuestras culpas, para que, una vez experimentada esa misericordia, llenos de ese amor, nos convirtamos a una vida nueva en Jesucristo, nuestro Señor.


