La Palabra del Señor es viva y eficaz; su Palabra nos ilumina y nos auxilia en nuestra vida. Por ello, es importante que edifiquemos nuestra existencia sobre la roca firme que es Jesucristo, la Palabra de Dios por quien todo vive.
Desde el principio de los tiempos, la Palabra ya existía; por ella fueron creadas todas las cosas. Llegada la plenitud de los tiempos, Dios quiso manifestar al mundo su infinita misericordia enviando a su Hijo, quien es la Palabra eterna. Entonces, el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros para nuestra salvación. Hablar de la Palabra de Dios es hablar de Jesucristo, la segunda Persona de la Santísima Trinidad, quien se hizo uno de nosotros al asumir la fragilidad de nuestra naturaleza humana para redimirla y salvarla de una vez y para siempre. De este modo, la Palabra que estamos llamados a seguir e imitar no es simplemente una expresión del lenguaje, sino una Persona que Dios ha enviado al mundo para ser camino, verdad y vida de todos aquellos que buscan con sinceridad la vida eterna y la presencia permanente de Dios.
Querida comunidad UNIVA: la Palabra que hoy se nos proclama en el Evangelio nos invita a ser reflejo vivo del testimonio de Jesucristo en el mundo. Así, haciendo presente a Cristo en nuestros hogares, en nuestro trabajo y en nuestros diversos entornos, colaboramos en la construcción constante del Reino de Dios y cimentamos nuestra esperanza en la morada eterna, la nueva Jerusalén, prometida a todos aquellos que, con prudencia y fidelidad, acogieron la Palabra y dieron testimonio del amor de Dios, no solo con sus palabras, sino también con las obras de su vida.
Pidámosle al Señor la valentía para dar un auténtico testimonio de nuestra fe cristiana; que no nos avergüence sabernos hijos de Dios, sino que, conscientes del inmenso amor con el que hemos sido amados desde la eternidad, sepamos corresponderle viviendo cada día en el amor, sirviendo a nuestros hermanos y bendiciendo a Dios en todo momento.


