Hoy el Evangelio nos recuerda nuestra misión como discípulos, que desde el bautismo estamos llamados a ejercer en favor del plan divino de salvación que Dios ha querido instaurar en el mundo y que encontró su pleno cumplimiento en Cristo. En nuestros días, ese mismo plan continúa vigente y se actualiza por la acción del Espíritu Santo, mediante la cual todos somos llamados a participar de él, para bien nuestro y de nuestros hermanos.
Por esta razón, el Evangelio de hoy nos narra la elección de los doce apóstoles. Son doce hombres que, desde sus distintas realidades y contextos, son llamados por Dios para hacer extensivo el mensaje evangélico, la Buena Nueva de Jesucristo. No los elige por su condición social o intelectual; los llama desde su infinita misericordia para colaborar en un plan que proviene de Aquel que nos ha dado la vida: nuestro Padre y Creador.
Por ello, querida comunidad UNIVA, todos estamos llamados a ser discípulos de Cristo, a ejemplo de los Doce. Aunque algunos tendrán un ministerio particular, como sucede con los ministros ordenados, cada uno de nosotros desempeña un papel fundamental en el anuncio de Cristo y de la salvación que nos ha alcanzado mediante su entrega generosa. Hemos sido elegidos por amor y para el amor; somos llamados a ser discípulos, y ello implica, antes que nada, reconocer que hemos sido elegidos. ¡Y lo somos por medio del bautismo!
Ahora estamos llamados a aprender del Maestro para comunicar a nuestros hermanos, especialmente a quienes se encuentran más alejados, que Cristo está vivo y quiere conducirnos al Padre, para restaurar en nosotros la gracia originaria que nuestros primeros padres perdieron a causa del pecado. Esto no significa que carguemos con esa culpa, pues por el bautismo somos purificados del pecado original; sin embargo, sí conservamos la inclinación al pecado, que con frecuencia nos aparta de la gracia de Dios. Por ello, nuestro deber es anunciar a todos la salvación que Dios nos ha concedido por medio de Cristo y que continúa comunicándonos mediante los sacramentos.
Que el Señor nos conceda la gracia de ser discípulos valientes, capaces de aprender de Él para dar un testimonio fiel de su amor y de su sabiduría a cuantos nos rodean. Que María Santísima nos asista con su intercesión y nos cubra con su manto de todo mal. Amén.


