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Deja que coman primero los hijos

Dios constantemente sale a nuestro encuentro: cada mañana, en cada despertar, Dios comienza su obra salvadora en medio de nuestra vida. Por ello, el Evangelio de hoy nos recuerda que Cristo prioriza a los suyos; no niega la salvación ni el bienestar a los demás, pero procura a sus hijos, elige a los que son de su heredad. Por esto, ¡no desperdiciemos las oportunidades que Dios nos presenta en nuestra vida para santificarnos!

El Evangelio nos narra el pasaje de una madre que, a pesar de ser siria y pagana, va al encuentro de Jesús, quien se encontraba en una casa descansando del peso de las multitudes que le seguían por su capacidad de sanar incluso las enfermedades consideradas incurables. La madre, al encontrarse con Jesús, le pide que sane a su hija, quien se encontraba atormentada por un demonio. Cristo, al enterarse, le dice que primero dé lugar a los que son de su estirpe; pero la mujer insiste y, ante tal terquedad, Jesús se compadece y sana a la hija de aquella mujer.

De este pasaje podemos resaltar dos cosas: la primera, la predilección de Cristo por los suyos; y la segunda, la compasión del Señor por todos cuantos se le acercaban, incluso por aquellos que eran apartados por la sociedad. Querida comunidad UNIVA, hoy Cristo, en el Evangelio, nos recuerda ese amor que nos tiene como hermanos en la fe, hijos de un mismo Padre, que caminamos rumbo al encuentro eterno con Dios en su magnificencia trinitaria; por ello, la predilección.

Por otro lado, nos consolamos en la gran misericordia de Dios, que demuestra su compasión para con todos; de ahí la invitación a no dudar de que Dios espera nuestro arrepentimiento para poder actuar y obrar en nosotros, en ese deseo de volver a los brazos del Padre, en la gracia que nos conceden los méritos del Hijo bajo la acción del Espíritu Santo.

Que Dios nos agrande el deseo por nuestra propia santificación a través de un proceso consciente y claro de nuestra conversión.

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