¿Qué es lo que nos motiva a conocer? ¿Qué nos alienta a adentrarnos en la investigación? Sin duda alguna, la curiosidad.
Cuando somos pequeños, el mundo nos sorprende con cosas tan sencillas, que al recordarlas hoy podrían parecernos irrelevantes. Sin embargo, gracias a esa curiosidad que despertaba nuestro asombro fuimos adquiriendo conocimiento, y a partir de él hemos podido crecer, actualizar y superar lo que en su momento descubrimos.
¿A qué quiero llegar con esto?
Querida comunidad UNIVA: ¡nunca nos cansemos de buscar a Cristo! Que la curiosidad por Dios nunca muera ni se debilite. El conocimiento de Dios es tan vasto y asombroso que podríamos estudiarlo toda la vida sin agotarlo jamás, porque su sabiduría nos sobrepasa. Y es justamente allí donde radica lo maravilloso de conocerle: ¡Él no se cansa de hacer nuevas todas las cosas!
Por ello, privilegiemos siempre la curiosidad cuando se trate de las cosas santas. Que, así como el rey Herodes se sorprendía de todo lo que se decía de Jesús, a nosotros nunca nos falte esa inquietud de conocerle, de amarle y de descubrirle en medio de nuestros días y de nuestra historia.
¡Dios les bendiga!


