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¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida!

Dos ciudades contemplaron con asombro las proezas y los milagros de nuestro Señor y, a pesar de ello, prefirieron alejarse de ese amparo prodigioso antes que convertir sus corazones a Dios. Tú y yo también podemos caer en ese riesgo latente: que, aun viendo cómo Dios ha obrado en nuestra vida, nos alejemos de Él.

Hoy vemos cómo Cristo se lamenta por aquellas ciudades que, teniendo el privilegio de presenciar los grandes milagros realizados entre sus habitantes, no quisieron seguir su enseñanza y prefirieron recorrer el camino torcido del que Dios quería librarlas. Muchas veces podemos ser como aquellas ciudades: vemos cómo Dios nos ama, cómo constantemente sale a nuestro encuentro y nos socorre; sin embargo, a pesar de todo ello, preferimos vivir en el pecado o alejarnos de las gracias y los dones que, por medio de los sacramentos, pone a nuestro alcance para nuestra santificación.

No seamos como aquellas ciudades que permanecían al lado de Dios solo cuando obraba en favor suyo. No seamos como aquellos que estuvieron con Él únicamente cuando fueron sanados, cuando les dio de comer o cuando perdonó sus pecados, pero que, al dejar de presenciar grandes prodigios, lo abandonaron y olvidaron. Más bien, seamos de aquellos fieles que permanecieron incluso en la tribulación y en la persecución; de aquellos que supieron esperar aun cuando parecía que todo estaba perdido, porque es ahí donde Dios encuentra la fidelidad y la esperanza de los hijos que confían en su misericordia.

Querida comunidad UNIVA, jamás nos acostumbremos a la novedad de Cristo. ¡Dios siempre tiene formas nuevas de obrar y de santificarnos! Que nuestra fe no se limite únicamente a los milagros que sobrepasan el orden natural; al contrario, que se fortalezca también con aquellos signos de su amor que se manifiestan en la sencillez de la vida cotidiana. Así, con una fe sencilla, podremos experimentar a Dios no solo en lo extraordinario, sino también en nuestro diario vivir y convivir. Que Dios nos conceda esta gracia. Amén.

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