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¿Cuál es el futuro de las humanidades?

Mtro. Jorge Iván García Morando, Coordinador de Proyectos Sociales y Religiosos • UNIVA Plantel Guadalajara

 

“Supongamos, entonces, con ánimo de brevedad, que todas las ciencias humanas se interesan por un único y común paisaje: el de las acciones pasadas, presentes y futuras del hombre” (Fernand Braudel)

 

En esta condición humana global en la que se define y enmarca el ser humano de hoy; en este entorno volátil, de incertidumbre, complejo y ambiguo (VICA) en la que se circunscriben las instituciones y, sobre todo, las educativas, han obligado a las humanidades a preguntarse por su sentido e incidencia en dicho entorno dinámico, global y flotante tanto en su presente como en su porvenir. Cuestionamientos que resultan complicados cuando se trata de medir la productividad, la eficiencia, la eficacia y lo que aporten de rendimiento al producto interno bruto. Aún más complicado cuando se trata de medir el índice de investigación, desarrollo e innovación (I + D + i) que aportan las diversas instituciones a través de sus facultades que ayudan a mantenerla en la competencia y en el mercado, es decir, dicha complicidad no se lograría sin los “brókers y traders” curriculares. Lo que denota, entonces es, una clara posición de lo que significan las humanidades y su lugar que ocupan en las instituciones, en sus facultades y en su estructura curricular. Para ejemplo de ello, basta con revisar el ranking de las mejores carreras posicionadas tanto en su nivel de preferencia como en su sentido remunerativo; basta con ver el presupuesto destinado a los ámbitos del saber que le garantizan imagen y prestigio; basta con observar el mapa curricular de las carreras para atestiguar la ausencia de las humanidades; basta con echar una mirada hacia atrás y hacia adelante para ver que el índice de criminalidad está entre los 14 y 40 años, que los sectores más corruptos se encuentran en aquellos que tienen una profesión, que el resquebrajamiento institucional de la familia se encuentra entre aquellos que profesan un credo y que no llevan más de cinco años juntos, que cada vez más se sectorizan las creencias religiosas constriñendo más al centro-occidente desde los frentes del norte y de sur del país, que la violencia de genero resurge con fuerza en el ámbito social y en lo intrafamiliar, que los lineamientos de la moral personal y social se están replanteando desde otros frentes, que las estructuras éticas están cediendo a los constantes ataques de la tecnociencia; en fin, pero si usted aún se sigue preguntando por la utilidad, la necesidad y el futuro de las humanidades en las universidades, entonces significa que, no forma parte de esta dinámica y vive en otra realidad, o bien, comparte el síndrome de la mímesis de apropiación que aqueja a la condición humana global.

Lo que percibo en toda cultura e institución es su trasfondo antropológico que, bajo el análisis girardiano de la mímesis, afirmamos que el hombre es un ser fundamentalmente mimético antes que racional: “los hombres se influencian unos a otros, y, cuando están juntos, tienen tendencias a desear las mismas cosas, no sobre todo en razón de su escasez, sino porque, contrariamente a lo que piensan muchos filósofos, la imitación comporta también los deseos. El hombre busca hacerse un ser que está esencialmente fundado sobre el deseo de su semejante”. El tipo de mímesis que consideraba René Girard era la de apropiación, aquella que comporta no solo el saber y los conceptos, sino sobre todo los deseos: “cuando es imitado un ademán de apropiación, esto significa sencillamente que dos manos se tienden simultáneamente para tomar el mismo objeto: el conflicto no puede dejar de surgir”. Esto explica que, en el fondo del ser humano y de sus instituciones, se encuentra aquello que más desea apropiarse: su humanidad.

Basta con mencionar algunos ejemplos de cómo se expresa esta relación, no directa, del deseo con su objeto deseado. Por un lado, encontramos en Madame Bovary de Flaubert, que no desea a partir de sí misma, sino a partir de los deseos de las heroínas de las novelas que lee en su casa, o bien, En busca del tiempo perdido de Proust, puesto que el mimetismo del deseo es tal que los personajes serán denominados celosos o snobs según que su mediador sea amoroso o mundano. Es decir, “el esnob no se atreve a confiar en su opinión personal, sólo desea los objetos deseados por otro. Esta es la razón de que sea esclavo de la moda”. Lo que explicaría esta lógica de las instituciones por querer emular a otras instituciones que se rigen por criterios de la utilidad. Y por el otro, encontramos en las instituciones esta dinámica triangular mimética de la que habla Girard, primero encontramos al sujeto deseante, que debe pasar por el modelo mediador (segundo) para llegar al objeto deseado (tercero), es decir, “tanto en negocios como en el amor, el secreto del éxito es el disimulo. Hay que disimular el deseo que se siente, hay que simular el deseo que no se siente. Hay que mentir”. En fin, lo que podemos advertir en esta pregunta por el futuro de las humanidades es la intensidad y distancia entre el modelo o mediador y el sujeto, en tanto que el objeto deseado son las humanidades. Pero en este entorno VICA ¿es importante el objeto de deseo? No, porque lo que cesaría la imitación, según Girard, sería lo obtención del objeto deseado y con ello se desencadenaría una constante por buscar otro objeto, hasta experimentar la desilusión que, en palabras de Bartra, se llamaría melancolía que es un sentimiento más que la gravedad y menos que la tristeza. En realidad, el objeto no es importante, pues en el fondo, no es el objeto lo que importa sino el ser del modelo o mediador rival que lo ha mostrado, de ahí que, el deseo infinito del hombre o de la institución “se expresa en el hecho de experimentar radicalmente su limitación, su deficiencia de ser”. Este deseo de ser, metafísico, que las instituciones buscan con ímpetu en el juego por competir se ve manifiesto en la publicidad y en el marketing homogeneizador poscapitalista, en cuanto, persona jurídica. Una vez que sus necesidades primordiales están satisfechas, y a veces antes, dice Girard, “la persona (física o moral) desea intensamente, pero no sabe exactamente qué, pues es el ser lo que él (ella) desea, un ser del que se siente privado y del que cualquier otro le parece dotado. El sujeto espera de este otro que le diga lo que hay que desear, para adquirir este ser”. Entonces, ¿cuál es el futuro de las humanidades, y por ende del hombre, ante una realidad mimética de apropiación que se ve seducida por el modelo o mediador al que considera como rival? ¿Hacia dónde van las instituciones?

 

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