Pensándolo bien Del 22F al 8M

Pbro. Lic. Armando González Escoto ∙ Dirección de Publicaciones, Sistema UNIVA

Considerando lo que sufrió la gente con motivo de la aprensión de un capo, cualquier persona con un mínimo de sensibilidad social habría pensado que el 8M sería un alivio y no una prolongación de lo que se había vivido el 22F.

No es que se hubiese repetido el mismo drama, pero se repitieron las mismas actitudes, particularmente, ese terrorismo social tan típico de los cárteles y que al parecer comparten, en su debida proporción, quienes militan en algunos movimientos sociales.

La justificación aparente es la lucha contra el patriarcado machista y en consecuencia la agresión a todos sus símbolos, por medio de la iconoclasia, que no obstante su sofisticado nombre, no es otra cosa que vandalismo. ¿Qué tiene que ver un hospital con la iconoclasia patriarcal? No lo sabemos, pero sí vimos la manera en que las encapuchadas se dedicaron a romper los cristales de su puerta, sin importar los enfermos, los médicos, las y los enfermeros, los familiares que, a la preocupación por su paciente, debieron unir el sobresalto de este torpe ataque.

No creo que a estas alturas pueda alguien desvirtuar los fines legítimos que el movimiento feminista persigue a nivel mundial, ni desconocer los muchos logros que han obtenido desde los lejanos tiempos de Madame de Staël, pero es obvio que al ideologizarse muchas de sus integrantes han desvirtuado una magnífica causa reduciéndola a un día más de legitimación de la violencia. Paradójicamente, la marcha es contra la violencia.

Si aceptamos que en efecto hay un sector de la sociedad que le apuesta a sostener un modelo de vida patriarcal ¿se les debe negar ese derecho? Si a la vez admitimos que hay otro sector de la sociedad que busca establecer un modelo no patriarcal ¿se les debe negar ese derecho? Quienes mantienen una u otra opinión ¿tienen el derecho de imponerla a los demás por medio de la fuerza? Y si en una elección cotidiana de este o de aquel tipo de organización social, gana más un modelo que el otro ¿los que pierden tiene derecho de tomar venganza iconoclasta contra los que ganan?

Nuestra barbarie compartida muestra hasta qué punto seguimos sin entender lo que significa la democracia, a menos que la misma democracia sea patriarcal y haya que acabar con ella. Creo que la democracia en sí misma no entra en estas turbulencias y sí nos aclara que en el mundo contemporáneo la democracia garantiza a todos el derecho de pensar, creer y vivir de acuerdo a sus propios criterios, siempre y cuando no afecte a los demás, y que si la legislación, o las prácticas de un gobierno o de una empresa, discriminan a las personas por la razón que sea, es derecho de los afectados exigir los cambios que sean necesarios por los caminos legales establecidos.

Tal vez sea aquí donde los problemas empiezan, cuando las autoridades se vuelven omisas, cuando los recursos legales no alcanzan, cuando la frustración repetida al infinito rompe las barreras y la sociedad entera acaba pagando los platos que rompe el gobierno; la impotencia desencadena una ira que ciega, y así, hasta otras mujeres que luchan día con día por mantener su negocio, lo ven destruido por encapuchadas que dicen defender el derecho de todas.

La Constitución política del país reconoce y ampara el derecho a manifestarse ¿también reconoce y ampara el vandalismo y la impunidad? ¿Cuánto debe gastar la gente, la población civil, en defensas o en reparaciones cada vez que una manifestación deriva en una agresión abierta y terrorista a la sociedad? ¿No es con los impuestos de la gente que trabaja, más que manifestarse, que se debe luego reparar el mobiliario urbano?

Armando González Escoto

armando.gon@univa.mx

 

Publicado en El Informador del domingo 15 de marzo de 2026.

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