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El béisbol como embajador de la familia

Por 19 octubre, 2021Tendencias

Lic. Carlos Alejandro Chavira Ortiz • Egresado Ciencias y Técnicas de la Comunicación

 

Parte alta de la novena, cuenta al máximo, los locales vencen 11 a 1 al equipo visitante y en la “lomita” Sergio Romo se prepara para lanzar; del otro lado, con el madero en la mano, Armando Araiza intentará hacer contacto con la pelota.

Lanzamiento de Romo… ¡abanica Araiza, cae el out veintisiete, Los Charros son campeones de la Liga Mexicana del Pacífico!

Amantes o no del béisbol, seguidores o no de algún equipo en particular, más de alguno asistió ya al Estadio de Los Charros de Jalisco.

Es evidente la diferencia dentro del ambiente que se vive en el “CharroPark” respecto a un estadio de fútbol (deporte que predomina en cantidad de fanáticos de manera local y nacional). Los seguidores jaliscienses de la “pelota caliente” suelen calificar su experiencia en el graderío, como familiar y divertida. Si bien es notablemente distinto a lo que se vive en plazas con arraigo “beisbolero” como Hermosillo, Culiacán, Obregón, Mazatlán o Mochis, el proyecto de Charros de Jalisco ha llegado para ofrecernos una nueva manera de convivir y entretenerse en familia.

Basta con llegar a la explanada del parque de pelota para comenzar la experiencia; la comida, que va desde las tradicionales ahogadas, las pepitas, semillas y cacahuates, hasta alitas, cerveza, piernas de pavo y muchas otras opciones. Ya en las gradas el espectáculo se presenta en todas partes, las botargas del equipo (incluyendo al famoso “Monky”), la pantalla gigante que permite la interacción con el público mediante dinámicas, las canciones, los aplausos, los coros y los gritos típicos del argot beisbolero: “¡Ya pónchalo, pónchalo!”.

Si planeaste o tuviste fortuna de acudir un viernes, seguramente al finalizar el juego y salir del campo de guerra, te recibirá de regreso a la explanada un mariachi que dará un cerrojazo a la noche. Así como el mariachi, existen maneras de captar al aficionado o enamorar a las personas que aún no lo son; muñecos de colección como regalo, suvenires para los niños, todo dependiendo del día en que acudas.

La estrategia de los dueños de la franquicia parece, atinadamente, anteponer los intereses del fanático quien responde gustoso al valor que le dan y acude con niños, jóvenes, adultos mayores y demás comitiva familiar que decida pasar una tarde-noche agradable.

Por otra parte, y contrario a lo que muchos fanáticos piensan, fue gratificante escuchar a personas hablar o, al menos hacer el intento, de opinar acerca de la serie final de la Liga Mexicana del Pacífico; esto habla de que el béisbol, por moda o por cualquier otra razón, comienza a posicionarse entre la sociedad local como un tema de conversación.

Utilizo este espacio para celebrar la consolidación del béisbol en Jalisco como un embajador de la familia, que pone y propone un espacio de sana convivencia, lejano a las barras bravas, los enfrentamientos con la policía y el viciado entorno del decadente fútbol mexicano. Aprovecho también para invitar a los lectores que no han vivido la experiencia de presenciar un juego de esta disciplina, a asistir y conocer una nueva manera de entretenerse.

¡Larga vida al rey del deporte, nuevo embajador de la familia en Jalisco!

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